martes, 7 de diciembre de 2010

Elegir es perder.

Para los psicoanalistas más ortodoxos, el inconsciente siempre quedará ubicado en el papel del "malo". Situándolo como ese "Otro" terrible, enemigo acérrimo e implacable de la libertad del hombre. R.D. Laing planteaba en el prólogo de uno de sus libros más conocidos como, a su juicio el gran Freud, asustado por su descubrimiento, inventó la técnica psicoanalítica para domesticar a su recién nacida criatura. Así, desde la mirada más tradicional del psicoanálisis, el inconsciente deberá ser arrancado de su mágico reino para ser sometido y controlado mediante interpretaciones por el supuesto delito de engañar a nuestro consciente. Condenado a cadena perpetua por poner en peligro nuestra capacidad de elección, o dicho de otra manera, a nuestra libertad.


A la mente racional le cuesta tolerar la contradicción.
Por eso expulsa lo contradictorio al inconsciente.

 Ahora bien, desde la práctica sistémica afirmamos lo contrario, es decir, que es el consciente el que se auto engaña, pues "su lógica", no tolera contradicción alguna. A este fenómeno de la mente se lo llama "disonancia cognitiva". Tengamos en cuenta, a modo de ejemplo, como en una simple discusión consciente sobre política, fútbol o cualquier otro tema cotidiano, se termina dando por vencido a aquel contendiente que se termina contradiciendo de alguna manera. De esta forma, cuando nuestra mente consciente entra en alguna clase de paradoja (entre los afectos y los sentimientos por ejemplo) tiende a construir una narrativa dominante, es decir una explicación de la realidad, vaciada siempre de molestas contradicciones. Dicho en otras palabras:  Con tal de no admitir lo contradictorio, la mente consciente puede racionalizar hasta lo menos razonable.

Ahora bien.. ¿A donde va lo contradictorio, o dicho de manera más sencilla, aquello que no encaja en el consciente y se descarta?

Pues derechito al inconsciente.

Porque como bien decía Freud, en el inconsciente no existe el concepto de contradicción, así es como nuestro mundo más íntimo y personal se termina transformando en un cubo de basura donde tiramos nuestros sentimientos más difíciles de reconocer, aquellos que ponen en tela de juicio nuestros más profundos valores o convicciones.

Ahí es, desde mi punto de vista, donde comienzan dos problemas.

Todo sentimiento no reconocido
se transforma en ansiedad.
En primer lugar porque se sabe que todo sentimiento negado se transforma en ansiedad, así, a más negamos nuestros afectos, más angustiados, temerosos e inseguros nos terminaremos sintiendo. Tengamos en cuenta que aquello que sentimos nos otorga una seguridad y una "consciencia de ser" imposibles de lograr a través del simple pensamiento racional. 

En segundo lugar es preciso tener en cuenta que la libertad no es posible sin la plena conciencia de quienes somos, y eso, necesariamente incluye a los mensajes más importantes del inconsciente, es decir, a nuestros sentimientos menos reconocidos. De esta forma no hay verdadera libertad sin el honesto encuentro con nuestros afectos, más allá de que después elijamos hacer lo contrario. Y es ahí, en la palabra elegir, donde a mi manera de ver, está otra de las claves de este enigma, pues elegir o decidir implica dos cosas:  Descartar opciones y asumir responsabilidades.

Descartar opciones significa lisa y llanamente asumir que "elegir es perder". Siempre que en esta vida tomas una decisión obligatoriamente dejas de lado a todas las demás. Imaginemos a la libertad como un primer ministro que escucha a todos sus consejeros y que en cada ocasión se decanta por lo dicho por uno de ellos, dejando de lado las opiniones del resto. Escucha a todos pero se juega siempre por uno. Así funciona la verdadera y auténtica libertad: Descartando posibles caminos. Siguiendo el ejemplo anterior, sin todos los consejeros, el primer ministro no estará completo y no será por tanto del todo libre. Lo mismo sucede con el mundo de nuestro inconsciente, fuente de nuestros sentimientos, pues si cometemos el desacierto de bloquearlo, nuestra verdadera libertad quedará renga o incluso truncada.

No podremos jamás ser libres si ignoramos lo que sentimos en el fondo de nuestro corazón.

Esto no significa que aquí se esté hablando del famoso postulado psicoanalítico de "hacer consciente lo inconsciente", no es esa mi idea.  Llevar a la conciencia racional un hecho íntimo y vivencial resulta tan torpe o bizarro como cantar con música de rock el discurso del presidente del Banco Mundial. A lo que me refiero es a entender lo irracional "en sí", escuchando su mensaje en su propio idioma, para más tarde, ver que se elige libremente hacer con él.

Ser libre es elegir.
Elegir es perder, 
Perder duele.
Cuando hablo de asumir responsabilidades, me refiero a asumir de forma honesta las consecuencias de nuestra decisiones. Rara vez nos encontraremos con alguna decisión que no tenga alguna consecuencia dolorosa, asumir ese dolor será el verdadero precio a pagar por nuestras decisiones. De este modo, más responsabilidad seamos capaces de asimilar, a más consecuencias asumamos, a más dolor encajemos... más libres llegaremos a ser.

Aclaro que responsabilidad jamás será sinónimo de culpa, en la culpa solamente se te castiga, castigas o te auto castigas. y ya está. En cambio, en la responsabilidad "aprendes", más o menos dolorosamente, e intentas, como se pueda, cambiar el rumbo.

Quisiera concluir este escrito expresando mi convicción de que la elección, piedra fundamental de la libertad, es una acción posible para todos los hombres y mujeres de este mundo. Sin embargo, en muchas ocasiones el precio a pagar es caro pues como ya hemos dicho, elegir es perder y perder... duele.

A veces demasiado.

Saludos desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

Tras la cortina de  tristeza
brillará para nosotros el sol de la esperanza.
Algún día..






1 comentario:

  1. Solo suenan unas palabras en mi mente después de leer esto..
    "hacerse cargoo"

    Muy buen escrito.

    Ro.-

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