martes, 30 de octubre de 2012

La mentira.

Las únicas mentiras que realmente nos engañan son las nuestras.
No voy a criticar la mentira. A lo largo de mi vida he mentido demasiado como para ahora culparla de nada. O al menos, para hacerlo con la necesaria honestidad, antes debería tratar de comprenderla un poco mejor. La verdad, desconozco, por ejemplo, si no decir la verdad es necesariamente una mentira. Tampoco sé realmente si esa clase de mentira resulta la única posible. Lo cierto es que en este asunto tengo más preguntas que respuestas. ¿Son malas las mentiras? ¿Es insano mentir? ¿Existen mentiras más sanas que otras? No sé. Se ha escrito mucho sobre el tema, generalmente textos de carácter moral. Pocas veces se ha profundizado verdaderamente sobre ella, yo tampoco lo haré. No esta noche. El que si lo hizo fue Nietzsche. El desdeñaba la mentira. Entre otras cosas porque según decía nos convertía en esclavos de sostenerla de por vida.

A esto Sartre le sumaba que la única mentira digna de llamarse así era aquella que uno se decía a si mismo. En fin, quizás de eso se trate la auténtica mentira. Es decir, de un autoengaño destinado a evadir el propio dolor. Un espejo deformante del ser. La eterna captura de lo más humano en nosotros. Una cárcel para el alma.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

sábado, 27 de octubre de 2012

La conquista de América.

¿Cómo pudo un reducido número grupo de
hombres rudos, sucios y barbudos conquistar
algunos de los imperios más colosales de la historia humana?
Se cumple otro aniversario de la primera llegada documentada de europeos a América. O sea del famoso descubrimiento o conquista. La verdad, no me hubiera fijado en la fecha si alguien no me la hubiera recordado. Lo cierto es que no es un día que precisamente celebre. No me agrada. Más bien te diría que me rompe las pelotas. La pregunta sería por qué. Pues como muchos argumentan, conquistas han habido muchas. América no fue la excepción. De hecho, las conquistas y los imperios ya eran una realidad en la América pre-Colon. Los hombres sufrían dolores e injusticias y las culturas se eliminaban, a veces cruelmente, unas a otras. Podríamos decir entonces que la legada de los españoles al continente americano fue una conquista más. Nada nuevo. Ni mejor ni peor de las que ya existían. Y sin embargo algo no me termina de convencer. Uno siente que este no fue un asunto sin más. ¿Pero cual fue la diferencia? Supongo que la respuesta la podemos encontrar si analizamos cómo fue que se forjó el sometimiento de las dos civilizaciones más importantes de la época: La Inca y la Azteca. En en ambas nos encontramos con situaciones parecidas. O sea un muy reducido número de hombres (no más de 200 en el caso peruano) que en muy poco tiempo se hace con el control total de un vasto imperio. ¿Cómo puede ser? La respuesta es sencilla: superioridad tecnológica. Es decir, los conquistadores eran más inteligentes.

Me doy cuenta de la incomodidad que estás últimas palabras generan pero es claro que aquellos hombres blancos, sucios y barbudos eran mucho más inteligentes que los indios. Ellos no solo no tenían armas de fuego, caballos o una estrategia militar de avanzada. Tampoco poseían de la necesaria ambición. Una característica propia de eso que conocemos por inteligencia. Porque la inteligencia es así, omnipotente. Y como toda omnipotencia, infinitamente voraz. Nada escapa a esa mente separada del cuerpo. Siempre se quiere más. Nunca es suficiente. Es notable como el emperador Azteca le ofrecía a Hernan Cortes oro para evitar su avance. Seguramente pensando que si los blancos buscaban oro, una gran cantidad de oro colmaría sus deseos haciéndolos retroceder. Sin embargo para el occidental de mente insaciable, tal estrategia solo funcionó como estímulo. Y es que para nosotros los occidentales saciarse resulta imposible. Siempre buscamos más. No nos adaptamos a nada. La palabra equilibrio nos resulta ya algo ajeno. Lejano.


Así es que de eso se trató la conquista. De un modelo o sistema de ideas ambicioso y enfermo. De una mente separada del cuerpo. Insaciable consumista. Forma de vida que une a las clases pobres, medias y altas; transformándolas en una clase única: la clase miserable.

Una miseria que es justamente la que trajo esa famosa llegada.

Por eso es que no nos gusta. En el fondo nos damos cuenta como en aquellos primeros hombres de américa existía una inocencia colmada de sabiduría. Ajena a los inteligentes subterfugios de la mente occidental.

De esta forma fue que la inteligencia derrotó a la sabiduría. Esa fue a mi juicio la primera gran victoria de un modelo sobre otro. Hoy tenemos la oportunidad de la revancha. Para mí es importante. No sé, soy vasco. Nuestro pueblo lleva arraigado a una misma tierra desde que la noche es noche. Por tanto tengo un bando. Lo elijo. Deseo que la sabiduría salga victoriosa. Que triunfe. Que sea libre. Realmente libre.


Escribiendo desde el sur del sur.

Unai Rivas Campo.