viernes, 27 de enero de 2012

Aprendizaje inconsciente.

Negar el inconsciente es negar que soñamos.
El inconsciente existe. Sí, ya sé que con esto los cognitivos se ofenden o algo así. Que no encaja en su mezquina guerra de poder con los psicoanalistas. Pero en fin, existe. Hasta ellos lo reconocen. Lo "no consciente" lo llaman a veces no sin antes poner cierto rostro de incomodidad. Da igual el nombre. Lo importante es dejar claro que más allá de las diferencias esto es una realidad. Que hay cosas de nosotros mismos que desconocemos, y que de algún modo nos afectan. Como ya he dicho, cada modelo o forma de entender la psicología ha hecho su particular interpretación de él. Algunos lo ocultaron debajo de la alfombra, otros lo encumbraron e incluso están aquellos que lo declararon culpable de todos nuestros males. Los sistémicos lo vemos de manera distinta. Creemos que el inconsciente es una forma de percepción. Una manera de ver el mundo, que como toda manera de ver el mundo, construye la realidad a la par que la percibe. Es decir que al mirar se crea lo mirado. Que ese mirar nos atraviesa, y que dichas percepciones están organizadas en si mismas. Percepciones que a su vez se organizan en ideas a las que llamamos sistemas. Y finalmente creemos que esos sistemas se rigen por leyes estéticas. Así lo que planteamos es que el inconsciente es belleza. Una belleza de peculiares secretos.

Se aplica a mujeres y hombres.
El deseo consciente, espanta lo deseado.
Hoy, nos vamos a dedicar a develar uno de ellos: el secreto del aprendizaje. Pues si el consciente aprende, el inconsciente también. Claro que lo hace de un modo distinto. Y es que sucede que para aprender algunas cosas es necesario tolerar no comprenderlas del todo. Dice el Tao que a la sabiduría se llega renunciando a ella, dejándola ir. Como aquel que permite ser atravesado por la corriente de un río. Supongo que es lo mismo que dice el chamanismo castanédico cuando habla de encontrar algo sin buscarlo. Ellos lo llaman "no hacer", los taoístas "wu wei", que básicamente es lo mismo.  ¿Alguna vez habéis deseado con todas vuestras fuerzas tener pareja? Dicen que no hay nada en este mundo que espante más una posible relación que dicho deseo. Recuerdo aquel anuncio de un refresco donde un chico desesperado por conocer mujeres, las alejaba justamente por causa de aquella desesperación. En el vídeo, se veía como las chicas a las que él inocentemente se acercaba, mostraban un extraño rechazo, casi animal. ¿Qué le pasaba al muchacho? Feo no era. Bajo el punto de vista sistémico, nuestro joven amigo estaba tratando de controlar su inconsciente. De forzar algo  (en este caso una relación) que en realidad tiene que surgir naturalmente. Y cuando esto se hace, no solo es el propio inconsciente el que ejerce una resistencia, sino también el ajeno.

Vemos entonces que el inconsciente, propio y ajeno, se resiste al control consciente. Que no es posible llegar al mundo inconsciente a propósito. Y la pregunta entonces es, ¿Cómo llegar a la sabiduría inconsciente si no podemos hacerlo a propósito? Son muchos los caminos y sin embargo todos se pueden resumir en una clave: engañar al consciente. Ahora os preguntaréis como se puede engañar al consciente. Hay muchas maneras. Sustancias, rituales, técnicas desestabilizadoras del yo, algunas terapias, etc. De todas las formas y colores. Lo importante es siempre no darse cuenta del todo. Ignorar una parte de lo que está sucediendo a la vez que el consciente está distraído con otra cosa. Debe de haber una intensidad especial. Jugar con el tiempo y el espacio siempre es importante. De tal manera que el mensaje, comunicado en forma de metáfora, llegue a su destino. Quizás lo más interesante sea que una vez abierta la puerta, la información puede llegar de los dos lados. Pues el inconsciente tiene a veces mucho más que enseñarnos a nosotros que nosotros a él.
El inconsciente puede aprender, pero sobre todo enseñar.

Corren tiempos difíciles para el inconsciente. Parece que en este sistema enfermo en el que vivimos sus verdades sobran. No me extraña. Al libre mercado le enerva todo aquello que no puede controlar. Y sabe bien que este es uno de los pocos lugares donde no puede poner una jodida cámara. Y eso le jode. Se nota.

Sin embargo también corren tiempos de esperanza. Internet ha demostrado como una herramienta de control en masa, en este caso la tecnología, puede terminar resultando justamente lo contrario. Dice un viejo proverbio que Dios no se deja burlar. Que tarde o temprano todo aquello que se controla, se descontrola. Que la vida sigue inexorablemente su camino. Un camino que es el nuestro.

Llegarán tiempos mejores.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.

sábado, 21 de enero de 2012

El turista y el viajero.

¿Y si los extraterrestres vinieran a este planeta? Solo espero que no vengan a hacer turismo. Dudo que exista una invasión más catastrófica y pacífica. Porque nadie se opone abiertamente a ella. Hasta el punto que incluso se la celebra. Mientras, arrasa con cada lugar que encuentra a su paso convirtiendo todo aquello que toca en tiendas de regalo, escaleras mecánicas y shoppings. Espacios tomados por el mercado donde solo existes por lo que consumes. Donde lo consumido no será una hamburguesa sino una experiencia mentirosa. Cáscaras vacías listas para mostrar. Esa patética foto delante de la Tour Eiffel en tu perfil de facebook. Una sonrisa forzada. Y tu felicidad etiquetada y envasada al vacío. No. Que nadie se confunda, un turista jamás será un viajero. Nunca sentirá el caminar errático o el dulce aroma del abismo. El ahogo de sentirse extraño, extranjero. Vivo y muerto de miedo. De miedo a no volver. O a quedarse para siempre. Da igual. No. Que nadie se confunda. El turista no viaja, se mueve. Porque eso es el turismo: un movimiento sin viaje. Nube tóxica que envenena la poca magia que queda en el mundo. Pervirtiendo la dignidad de sus pueblos mientras seca hasta la última gota de su sencillez. Dejando solo un cráter, apenas unas grietas con forma de mueca ensayada. Prostituyendo la intimidad a cambio de dólares. No. Que nadie se confunda, el turismo nunca trae riqueza, solo trae ricos. Ricos miserables que ensucian con su dinero la pureza de los paisajes, costumbres y momentos. Adornando y adornando y adornado lo adornado hasta hacer de lo aterradoramente bello algo cool, banal y sobre todo, tolerable. Como el que se come una sopa light hecha de extracto de un polvo residual de algo que alguna vez quizás fue sopa. No. Que nadie se confunda. Ni el turismo es un viaje, ni el turista un viajero. Ni tampoco trae riquezas. Nada. El turismo es una mierda. El cáncer de los pueblos sometidos. La sumisión de los que olvidaron aquello que debieron ser, y que ya no son nada. Así es que no. Por favor, que nadie se confunda .Un turista no es un viajero. Un turista no es nada.

Escribiendo desde la nada.

Lic Unai Rivas Campo.

jueves, 19 de enero de 2012

El hundimiento del Costa Concordia.

Aquí en Europa no se escucha otra cosa en los medios. No cabe duda de que como historia tiene tintes atrayentes. Un barco hundido. Un capitán cobarde, mentiroso y negligente. Y como no, el héroe. Encarnado por el capitán Gregorio de Falco, que toma el mando de la catástrofe mientras increpa con autoridad al huidizo capitán. Así tenemos al villano, depositario de todas las culpas, junto con el inmediato héroe resultante de tanta maldad.

Algo se hunde en Europa.
Cada uno cumple su función dentro de la obra. El papel que los medios y nosotros como audiencia les hemos dado. Desde ya que este es un hecho grave y doloroso. Que por supuesto merece nuestra atención. Sin embargo todo esto no explica en sí el absoluto bombardeo con el que los medios han saturado los diarios y las televisiones. O la compulsión con la que la gente se queda pegada al televisor en busca de nuevos refritos acerca de la misma noticia. No. Se siente que hay algo más. Se nota un clima de fascinación que ronda todo el imaginario alrededor de la tragedia. Y es que si el mundo es un sistema, europa también lo es. Un sistema que como todo sistema se comunica por metáforas. Expresiones estéticas. Símbolos de una caída mucho mayor. De una sensación generalizada de que aquí todo se va a la mierda. Los derechos, la industria, las libertades. Todo. Hundiéndose mientras los que deberían tirarnos el salvavidas corren al grito de "sálvese quien pueda". Porque si de los barcos se fugan los capitanes, de los bancos, los capitales.

Dice el psicoanálisis que el síntoma es la expresión de un trauma no asumido. Quien sabe. Lo qué si tengo claro es que aquí nadie asume demasiado. La fiesta sigue y los hundimientos, ya se sabe, es mucho mejor verlos afuera. Proyectados. A ser posible en la tele.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.

Por si quieren leer algo más interesante sobre el tema: Pinchen aquí..

martes, 17 de enero de 2012

Sobre lo verdadero y lo falso en las ciencias.

       "Y sin embargo se mueve"
      Galileo Galilei.


Hace un par de semanas me encontré con un dilema. Era una de esas cosas que la gente escribe en las redes sociales. Un médico, entendido en temas de ciencia, hacía una encuesta. El cuestionario contenía una larga serie de enunciados. El reto consistía en responder cuales de ellos creíamos que eran verdaderos:

1.-Usted utiliza el 10% de su capacidad cerebral.
2.-Usted puede percibir si alguien le mira desde sus espaldas". 
3.-Los síntomas de artrosis se relacionan con el clima (humedad y presión atmosférica).
4.-los mensajes subliminales (publicidad) pueden modificar el comportamiento".
5.-Hacer que los bebes escuchen a Mozart (incluso antes de nacer) mejora su inteligencia.
6.-Usted puede recordar una serie de diez dígitos aleatorios.
7.-Su memoria recupera los hechos del pasado tal como ocurrieron.
8.-Un hecho que precede a otro muchas veces, es su causa.
9.-Si un médico consulta un libro antes de medicarlo y otro no lo hace, usted siente más confianza por el segundo que por el primero.
10.-Lo meteorólogos se equivocan con mucha frecuencia.
11.-Usted puede explicar como funciona una bicicleta o el desagüe del inodoro.
12.-Usted es capaz de tomar buenas decisiones guiado por su intuición que usando la lógica.
13.-El entrenamiento en habilidades cognitivas (videojuegos, crucigramas) mejora nuestro desempeño intelectual cotidiano.
14.-El síndrome de déficit de atención es un invento para vender medicamentos y controlar la conducta natural de los niños.

Aquello me llamó la atención. Nunca tuve bien claro a que se refiere la gente cuando habla acerca de la verdad. De tal manera fue que me dispuse a participar en dicho juego. Estaba, en cierto modo, de acuerdo con algunas de las proposiciones.  Sin embargo, desde la perspectiva del encuestador, una persona que muchas veces se muestra indignada frente al poco reconocimiento que la sociedad le otorga a las ciencias, y por ende al método científico, se podía deducir que casi ninguna de ellas alcanzaría el rango de "verdadero". Eso era al menos lo que se podía inferir de su epistemología de referencia. Es decir, de como esta persona mira y vive el mundo. 

¿Qué es la verdad? ¿Es lo no verdadero sinónimo de falso?
Trataremos de responder a estas preguntas.
Casi desde el principio vinieron a mi cabeza una serie de reflexiones: ¿Que es lo verdadero? ¿Qué es lo verdadero para las ciencias? ¿Existe una sola verdad en ciencias? ¿Lo no verdadero es necesariamente sinónimo de falso?

Pero dejando aquellos interrogantes temporalmente de lado, me dispuse a enfrentar las preguntas del citado cuestionario. En principio, desde la epistemología de referencia del autor, la única que parecía tener cierto rango de verdad objetiva era la número 3, esa que hablaba sobre los síntomas de la artrosis y su relación con las variaciones climáticas. Sin embargo, todas las demás eran dudosas. Algunas estaban confusamente enunciadas, otras no eran nada más que simples patrañas. Eso me hizo dudar. Y es que la respuesta estéticamente más efectista era decir que todas eran falsas. Así es que comencé a investigar. Pregunté a dos médicos, a una estudiante de medicina, y busqué investigaciones sobre el tema (sí, ya lo sé, debería salir más). Incluso me tomé el atrevimiento de llamar a una mujer enferma de artrosis para preguntarle si la percepción de sus síntomas se modificaba con las variaciones climáticas (sí, no debo obsesionarme tanto, ya sé). El caso es que toda la información recolectada apuntaba de manera afirmativa. De tal modo que contesté que la única respuesta que parecía tener el rango suficiente de verdad objetiva era la número tres.

Entre tanto, había aprendido mucho sobre la artrosis.

Cuando, finalmente, la solución al enigma fue publicado, me sorprendí al encontrar la siguiente respuesta:

"SON TODAS FALSAS, GRACIAS POR PARTICIPAR".

Aquella respuesta me llenó de curiosidad. ¿Podían acaso los médicos consultados estar equivocados? ¿Era el doctor que propuso el cuestionario un mentiroso? ¿O es que acaso los estudios que leí no eran válidos?

De tal manera, me dispuse a plantear al eminente doctor mis interrogantes. Me contestó que estaba científicamente demostrado que aquello era falso, y me pasó un paper (estudio científico) que confirmaba sus dichos. Yo, por supuesto, le pasé los estudios que avalaban los míos. Su respuesta fue mas que sorprendente: aceptó la validez de los estudios presentados por mí, incluso presentó otro más en favor de mi tesis. Sin embargo argumentó que, ante la divergencia entre los estudios, la comunidad científica había llegado POR CONSENSO a la conclusión de que los síntomas de la artrosis no se veían modificados por los cambios climáticos.

En la medida en la que el método científico se adentra en
tierras subjetivas, las verdades tienden a ser
más consensuadas que objetivas.
Por consenso, que interesante. Y yo que pensaba que lo del consenso solo se utilizaba para la democracia y gran hermano, pero no, la ciencia también tiene sus consensos. Sus acuerdos intersubjetivos. Donde el poder, los egos, y los intereses económicos, se cuelan entre discusiones supuestamente lógicas. Así, la verdad científica pasa a ser una verdad consensuada, un acuerdo. Nada más.

Claro está, lejos estoy de denostar a la ciencia ni al método científico. Primero, porque estos errores no necesariamente tienen una mala intención. El inconsciente existe, lo que quiere decir que no siempre se es malo, torpe o impreciso de manera intencional. Pero en segundo lugar, porque denostar o demonizar al método científico sería negar sus innumerables descubrimientos. Cosa bastante estúpida por cierto. Por otra parte, parece que esta clase de consensos no son de rango general en las ciencias. Por lo que he podido observar, son más frecuentes a medida que estos tocan temas de orden subjetivo (como problemas psicológicos, percepción de síntomas, o en el caso de la física, la cuántica).

Creo que va llegando el tiempo de sincerarse. Los diarios están abarrotados de publicaciones que supuestamente se sustentan en la ciencia para decir que es verdadero, y que no. Y lo cierto es que cuando nos adentramos en el mundo de los subjetivo, difícilmente podemos afirmar que algo es rotundamente falso. La llamada "verdad religiosa" quedó atrás. La ciencia ganó de lejos aquella batalla. Sin embargo, hoy vivimos bajo la égida de una mentira más sutil pero quizá muchísimo más dañina que la primera: la gran mentira de la verdad. De una verdad autodesignada como objetiva. Que se ha atribuido con soberbia el derecho a calificar como falso todo aquello que no es capaz de entender desde su propio método de estudio. Un método valioso, muy valioso, tan valioso como limitado.
La verdad es como un trono.
Lo verdadero y lo falso se construirá en función de quien
o quienes estén allí sentados.

Decía Focault que la verdad es poder. Un trono donde todos quieren sentar su culo. Quien sabe, quizá sea porque te permite cagarte en cualquiera. 

Mientras tanto, mi amiga enferma de artrosis continúa delirando su dolor.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.

domingo, 20 de noviembre de 2011

La inteligencia, la sabiduría y la actitud.

Ayer, bajo el post titulado "El origen dela inteligencia", de este mismo blog, apareció el siguiente comentario:




Anónimo dijo...




¿Se pueden controlar las crisis económicas?

La inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión.
La actitud es la forma de actuar de una persona, es una forma de motivación que impulsa y orienta la acción hacia determinados objetivos y metas.
La diferencia entre los países económicamente pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como india y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son pobres. Por otro lado, tenemos a Suiza sin océano, pero tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo. Al igual que Japón, no tiene recursos naturales, pero da y exporta servicios, con calidad muy difícilmente superable, es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo.
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación. La actitud de las personas es la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países económicamente ricos se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas:
1. La Moral como principio básico.
2. El Orden y la Limpieza.
3. La Honradez.
4. La Puntualidad.
5. La Responsabilidad.
6. El Deseo de superación.
7. El Respeto a la ley y los reglamentos.
8. El respeto por el derecho a los demás.
9. Su Amor al trabajo.
10. Su Afán por el ahorro y la inversión.
Mi conclusión es que no es posible controlar la economía, esta tiene sus propios ciclos, lo que sí podemos elegir utilizando nuestra inteligencia es la actitud de amar a nuestra patria, nuestro pueblo, nuestras raíces…


Y esta es mi respuesta..

Mi querido lector anónimo, disiento desde el respeto. Está claro que ambos partimos de epistemologías de referencia y concepciones morales diametralmente distintas. Paso sin más a comentar algunos aspectos de tu escrito que me han llamado poderosamente la atención:

Inteligencia.
En primer lugar me parece valiosa la diferencia que haces entre inteligencia y actitud. Sin embargo, soy de los que creo que las palabras pierden el sentido cuando estas no son leídas dentro de un contexto de referencia. Si no, quedan como cosas sueltas, perdidas en un océano de huecos vocablos, y con la coherencia de una ensalada. No obstante, supongo que podemos conectar ambos conceptos en el hecho de que, como tu dices, la inteligencia permite elegir "las mejores opciones" para la resolución de una cuestión. Pero... ¿Que es para ti mejor? ¿Qué consideras tu, "un problema"? Esas son las preguntas que deberías hacerte. Porque no siempre la solución más efectiva y menos dolorosa es la de mayor sabiduría. De hecho, si bien es cierto que la inteligencia resuelve los problemas, también es igualmente cierto que no siempre el planteo del poblema es necesariamente sabio. Es decir, saludable en el mediano-largo plazo. Así, podemos considerar, por ejemplo, que una selva es un problema para la siembra de soja y, por tanto, quemarla. Este es uno de los muchos ejemplos posibles que limitan las supuestas bondades de la inteligencia. Por otra parte, considero que, sin sabiduría, la inteligencia queda al servicio de la solución de problemas erroneos y por tanto, al servicio de la generación de una mala actitud. La circularidad de estos términos será crucial para analizar el resto de tus palabras. Ya ves que con solo tirar al aire definiciones no basta...

Sabiduría.
Vamos entonces a la segunda parte de tu escrito. Donde, de una manera quizás algo ingenua, has atribuido el éxito de algunos países a una serie de supuestas cualidades psicológico-morales. Comencemos por aquello que tu llamas éxito. Decirte ante todo que la pobreza de tu mirada me sorprende. Pues, ¿A qué llamas tu, éxito? ¿Cuales son realmente tus parámetros a la hora de definir que es exitoso y que no lo es? Preguntas muy necesarias. Ya que, si el supuesto éxito se debe a la explotación del otro, no veo por ningún lado donde está el crecimiento. Me dirás que así funciona la naturaleza, aludiendo supuestos darwinistas, pero olvidas que las hipótesis darwinistas hace tiempo que quedaron descartadas en las ciencias sociales. Que Wallace desde la biología o John Von Neumann desde el campo económico, descartaron hace mucho tiempo la idea de competitividad por la de equilibrio. Yo personalmente le añadiría otra: la de diversidad. No hay ningún éxito en aplastar al más débil. No reconozco gloria alguna a los que, por no tener recursos naturales, expolian los de otros. Eso es solo rapiña, rapiña antinatural. En otras palabras: mala actitud. De hecho, es muy cierto que Suiza es hoy un país exitoso, bajo los términos que expones claro está. Pero tan exitoso como inmoral. No olvides que dicho país es cuna del mayor oscurantismo financiero, mundo financiero que, dejado a su libre albedrío, ha sido el huevo de la serpiente de la actual crisis internacional. La misma inmoralidad internacional que encontramos en Alemania, Inglaterra, Japón o los Estados Unidos. Donde, sobre todo en el caso de este último, se han liderado las mayores matanzas conocidas por el hombre durante este siglo y parte del anterior. Querido amigo, tu adorado éxito no nace de la moralidad, proviene del imperialismo cruel. De la cultura del sálvese quien pueda. Cultura que por cierto fue aplicada al principio sobre las mal llamadas naciones del tercer mundo, y que con el tiempo, los peor llamados países centrales están aplicando sobre si mismos.
El sistema de libre mercado.
Una serpiente que se devora a si misma.

Y esa es otra clave de tus inconsistencias argumentales. Las crisis no son cíclicas mi querido amigo. ¿Qué te piensas que son como el clima? No, no.. Las crisis, y sobre todo la actual, obedecen a razones y motivos muy concretos. De entre los cuales destaca esa rapiña de la que tan orgulloso pareces sentirte. La terrible actitud moral donde la serpiente, una vez devorado el mundo, termina devorandose a sí misma. ¿Son hoy los griegos más "impuntuales" de lo que lo eran hace diez años? ¿Y los españoles más sucios? ¿Y los estadounidenses? ¿Son más inmorales que cuando aplaudieron alegres la bomba atómica? Cuando quieras amigo te pago un pasaje a Grecia para que les expliques que se tienen que duchar más... ¡Y a horario! Eso sí, no te garantizo que vuelvas, parece que están un poquito enojados. ¡Que inmorales!

Me gustaría profundizar un poco más en la noción de país exitoso, comparándola con la noción de equilibrio. Y es que desde la óptica del equilibrio, no siempre ser rico lo hace a uno exitoso. Creo honestamente que una comunidad Aymara de Bolivia, equilibrada con su entorno, contiene en si misma una dignidad muchísimo más valiosa para el mundo que la miseria humana que podemos hoy encontrar en gran parte de las capitales de occidente. Porque hay una pobreza digna, así como a veces existe una riqueza miserable.

Controlar la economía es jugar en el tablero de lo indigno.
Decidir, es tomar la digna actitud de patearlo.
Voy terminando respondiendo a tu pregunta sobre si se pueden controlar los mercados. Claro que no, nada se puede controlar en esta vida. Lo que si podemos hacer es decidir, es decir tomar una actitud o posición digna frente a ellos. Cosa que las economías latinoamericanas están haciendo y que tus adorados países centrales, no. De ahí su crisis.

Así es que mi conclusión es también que no se puede controlar la economía, lo que sí se puede, mediante la sabiduría, es elegir que posición tomar frente a la rapiña miserable. Y es que mientras controlar, es jugar  en el tablero de lo indigno. Decidir, es tomar la digna actitud de patearlo.

Solo espero que al menos provengas, mi querido amigo anónimo, de un país europeo. Si es así, pronto sentirás en tus carnes la verdad en mis palabras. Cosa que no me alegra en absoluto. Te lo dice alguien que vive en ambos mundos. Te confieso que me entristecería más que fueras latinoamericano. De esos pocos que aún se creen versiones de la realidad como las por ti expuestas. Pues generalmente, al aludir a esa aparente moralidad, miran por encima del hombro a sus propios compatriotas, a su pueblo, a sus raíces...

Y eso en mi barrio tiene un nombre.

Un saludo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

PD: ¿"Afan" por el ahorro? Amigo... deberías salir más.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El origen de la inteligencia.

Un hombre camina por el desierto. Tiene hambre. Hace días que no se alimenta, no encuentra comida para recolectar y los animales con los que se cruza, o son más rápidos o más fuertes que él. Se pone a pensar... no comprende el sentido de su debilidad. Se pregunta por qué no tiene garras o dientes de sable. Se avergüenza de su bipedismo que lo hace lento, demasiado lento. Así, pensando, furioso con el mundo, agarra una piedra y la arroja contra un árbol.

Es ahí donde se da cuenta.

La inteligencia  soluciona problemas.
La inteligencia combate del dolor.
¿Podemos vivir sin dolor?
Al principio fueron solo piedras, más tarde se perfeccionaron, se afilaron, transformandose en lanzas. De ahí a las flechas solo había un paso. De las flechas a la guerra atómica, nada más que unos pocos miles de años.

Así surge la inteligencia. Como un mecanismo para combatir el dolor. Entendido este como informaciòn displacentera. Sin embargo, a diferencia de los otros mecanismos de adaptación propios de las otras especies, que buscan formar parte de un equilibrio, la inteligencia humana es distinta. Carece de límites. Sus potencialidades resultan infinitas. Podemos pensar cualquier cosa: que volamos o que estamos en distintos lugares a la vez. Y este, es un grave problema ya que la inteligencia no conoce por tanto de equilibrios. De esta forma el llamado principio de homeostasis (otra manera de referirse al equilibrio) sufre permanentemente el embate del desafío neocortical.

¿Cómo? Son muchas las formas. Siempre entendidas bajo el principio de isomorfismo. Aquel que postula que lo que es adentro es afuera y lo que es arriba es abajo. A través del cual podemos encontrar similitudes analógicas entre la esquizofrenia, la adicción, la crisis financiera actual o un conflicto matrimonial. En todas ellas, la inteligencia opera intentando controlar lo incontrolable, creando así el síntoma. Pensemos por ejemplo en la adicción, donde la persona intenta controlar su consumo de drogas, siempre con nulo éxito. Lo mismo sucede en el caso de los trastornos de alimentación en los cuales la persona trata de controlar su ingesta de comida. ¿Y en las crisis económicas? Es curioso como los liberales, tan autoproclamados enemigos del control, tratan de tomar medidas para controlar la reacción de los mercados, buscando como ellos dicen, tranquilizarlos. Olvidando de esta forma que al hacerlo terminan como el adicto o la persona padeciente de un trastorno de alimentación: esclavidados. .

No es posible controlar lo natural.
Si se intenta, hay consecuencias.
No. No es posible controlar lo natural. Si podemos decidir y asumir las consecuencias de nuestros actos. Pero controlar no, jamás. Aunque al principio parezca que sí, con el tiempo lo diques se rompen y el mar retoma su espacio. Además, cuando el dique se rompe, lo hace con una violencia destructiva análoga a ese fenómeno al que los profesionales de la salud o de la libertad hemos dado a llamar síntoma.

¿Entonces para que coño sirve la inteligencia? ¿Es peligrosa? La inteligencia es útil y sana siempre y cuando forme parte de algo más grande, de un sistema mayor. Al igual que los alcohólicos anónimos que eligen confiar en un poder superior, los pueblos necesitamos creer en lo trascendente. Puede ser una ideología o una religión. Ciertos valores. Algo. Y es que, si nuestra inteligencia no queda supeditada a un sistema de mayor alcance, deja de lado todo atisbo de sabiduría y pasa a servir como alimento del ego.

Ego que nos separa, pues rompe en pedazos aquello que nos une.

El amor.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

De metáforas se trata.

Modelo sistémico, cibernética, homeostasis... palabras, solo palabras. Huecas en si mismas. No. La sistémica trata de algo más. Los necios terminan capturados por ellas. Olvidando que son solo un medio para llegar a otro lugar. Al lugar que habita entre dichas palabras. Espacio fronterizo donde se dan las metáforas. Entendidas éstas como proceso. Allí donde se construyen las leyes de la estética.  Porque de eso trata esto de la psicología: de la belleza.

Todo lo que existe está regido por las leyes de la estética.
Las leyes de la organización de los sistemas.
Las leyes de la belleza.
Y sobre como esta resulta inmanente a la totalidad de lo real. Una belleza que nos atraviesa. Actuando como andamio sostenedor de aquella inmensidad que nos rodea. Pues todo sistema es una organización, y toda organización, posee características estéticas. Nada puede ser comprendido por fuera de ellas. Es por esto que las religiones, la terapia o las liturgias populares apelan a los símbolos. A profundos arquetipos que se pierden en la noche de los tiempos. Embrujos, analogías, metaforas.

Así es que a esto nos dedicamos: a las leyes de la estética. A los mecanismos mediante los cuales se construye nuestro universo, lo real. Entropía, homeostasis o Límite; son algunas de las palabras que los sistémicos utilizamos para entender la realidad. Pero son solo eso, palabras, nada más. La maravillosa hermosura existente entre ellas es lo que verdaderamente importa.  Y es que como en la música, son las relaciones entre las notas y no las notas en si mismas las que le dan identidad, y sentido, a una canción.

La canción que vivimos, la canción que nos vive.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.