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martes, 20 de julio de 2010

PENSAMIENTO SISTÉMICO ABIERTO

Tengo un problema.

Tras diez años de profesión he llegado a la conclusión de que soy un psicólogo sistémico. Sin embargo la mayor parte de psicólogos sistémicos que conozco no opinan lo mismo.

Todo empezó hace unos años a finales de la crisis Argentina de 2001 cuando decidí venir desde Europa a la República Argentina para perfeccionarme profesionalmente. El aquel momento este país se encontraba en una situación caótica, es decir muy propicia para aprovechar oportunidades. Tuve la suerte de poder especializarme con los euros que disponía en aquel momento con varios de los mejores profesionales de Buenos Aires y quizá del mundo. La posibilidad de tratar la esquizofrénia, la técnica psicodramática y sobre todo la visión sistémica del universo me fascinaron. Si bien tenía una idea de que era lo que quería aprender, poder ver en la práctica curas que a los ojos de un lego parecían milagrosas no terminaba de sorprenderme.

La incorporación de la visión sistémica de la realidad altero mi vida para siempre. Cuando regresé a Europa me sentía emocionado de poder aplicar en mi país todo lo aprendido. Sin embargo mi querido continente en aquel momento se encontraba en una época de opulencia y no necesitaba de planteamientos teóricos originales ni de miradas alternativas. Encontré trabajo en un "centro educativo" es decir en un reformatorio, donde los conflictos que sufrían los chicos ahí encerrados eran tapados con recursos y oportunidades. Muchos de ellos murieron por la negligencia de haberles ahogado con euros cuando solamente necesitaban un "no" para empezar a respirar. El haber conocido la realidad Argentina del 90 me hacia suponer que pronto se vendría una debacle que mandaría a la mierda toda esa enfermedad maniaca negadora por la que atravesaba el viejo continente. Tengo que confesar que ya para ese entonces extrañaba el "quilombo Argentino". Mi única esperanza era aguardar la crisis inevitable y salvadora que desde abajo muchos vaticinaban...

Pero como no tenía ganas de esperar tanto decidí volverme para el sur.

Hoy puedo decir que me siento satisfecho con mi decisión. Agradecido con este país. Nunca me falto trabajo y todo lo que hice durante estos años me permitió tanto crecer como profundizar en lo aprendido. La mirada sistémica me permitió crear mis propios modelos locales para el abordaje de las patologías más importantes de la actualidad. Este país es generoso en el mejor de los sentidos. Si se te ocurre una idea te permiten aplicarla, quizá no te paguen bien al principio pero al menos te lo permiten. Eso es mucho más de lo que hoy podemos decir de Europa donde en el currículum cuenta más si tienes licencia para manejar vehículos que el modelo teórico con el que trabajas (cualquier compatriota mio sabe que no miento). Esta generosidad Argentina de la cual hoy no me voy a extender en profundizar, te permite intentarlo, te deja hacer y si te sale bien, te respeta.

Pero como bien he dicho al principio no todo es de color de rosa en mi vida profesional. ¿A que se debe mi problema? ¿cuando se manifiesta?

Todo sucede cuando entro en diálogo con otros profesionales, puedo entender el rechazo de los psicoanalistas, gestálticos, cognitivos, lacanianos etc. dado ellos no se valen de la visión sistémica para trabajar, sus "epistemologías locales" no tienen ni tampoco buscan la amplitud de la mirada sistémica. Ahora lo curioso siempre ha sido que por lo general mis opiniones o escritos han tenido mayor comprensión y aceptación por los modelos citados anteriormente que por los que yo suponía mis sistémicos colegas.

Ellos argumentan en ocasiones que mis escritos no son sistémicos pues, por ejemplo, incluyen "términos psicoanalíticos que pertenecen a otras epistemologías" o que reconocen la existencia del inconsciente. Esto último para muchos ha resultado directamente un sacrilegio. Tratar temas filosóficos, existenciales o espirituales a estas alturas resulta algo que simplemente descarto.

Y hoy creo haberme dado definitivamente cuenta del porque.

Los psicólogos y psiquiatras con los que me perfeccioné, gente de edad avanzada, endiabladamente habilidosos, fueron sistémicos de la vieja escuela. Pre-Watzlavick, es decir, anteriores a la aparición de su dichosa "caja negra", previos a que el modelo sistémico, primo hermano del espíritu contracultural y transgresor de los años sesenta, se transformara en una suerte de modelo neo cognitivo vaciado de alma. Los sistémicos que me voy encontrando, obviamente siempre hay excepciones, me resultan más cognitivos que sistémicos, viven muy pendientes de "tirar técnicas", repitiendo como loros las palabras homeostasis, cibernética... pero desde mi punto de vista sin sentirlas. Hoy el otrora orgulloso modelo sistémico se ha cerrado en si mismo transformándose paulatinamente en una pobre epistemología local más. Si Gregory Batesón estuviera vivo, sin duda lloraría.


Un rato... después se secaría las lágrimas y comenzaría a trabajar.


Lo más apasionante de un problema resulta del reto que supone su solución. Esta es de hecho la razón de las líneas que escribo. Los viejos sistémicos se están muriendo, los nuevos no me dan pelota, en fin, no queda otra entonces que crearme mi propio espacio de pensamiento dentro del mundo de la sistémica, lo llamaré pensamiento sistémico abierto en contraposición a lo cerrado y masturbatorio del panorama sistémico actual. Incluirá textos técnicos escritos como a mi me gusta expresar mis ideas: De forma clara y sencilla. Incluiré poemas, análisis políticos, futbolísticos etc. pues lo sistémico es inmanente a toda realidad humana.

Este blog nace de una vivencia de soledad intelectual, de un intento de encontrarme a mi mismo, de parar el balón y ordenarme tras años de viaje. En un mundo donde el amor por el conocimiento ha sido banalizado por la voracidad de un sistema-mercado inhumano y ruin, ésta tratará de ser una isla de pensamiento renegado, donde poderme expresar con esperanza de quizá no estar tan intelectualmente solo. Así que si estáis por ahí, sed bienvenidos.

Vuestro humilde servidor.

Unai.