lunes, 3 de junio de 2013

La caja de Pandora.

La leyenda de Pandora es larga. Hay dioses, intrigas, la cosas típicas de la mitología griega. Ah, y una caja.
Somos lo que habita en el fondo de la caja.

Fue un regalo, se la dio Zeus a Pandora. Seguramente para hinchar las pelotas. A Zeus le gustaba mucho hinchar las pelotas. O quizás se aburría de tanto Olimpo. Además en aquel entonces el mundo era un paraíso. Otro Olimpo cualquiera. Nadie sufría por nada. La vida era una monótona secuencia de constantes satisfacciones. Un infierno edulcorado de colores chillones. Así fue que Pandora abrió la caja y de ella salieron todos los males que hoy habitan el mundo.

Menos mal.

Solo una cosa quedó adentro: la esperanza. 

En fin, así estamos. Es como vivimos. Sufriendo. A veces jodidos, otras bien jodidos. Y sin embargo es mejor. Somos ángeles caídos, dioses tontos, perdedores con estilo. Porque Dios no elige. El es perfecto. A el no hay caja que lo salve. No tiene principio ni fin. Siempre estará.  No sé, a veces lo compadezco.

Nosotros somos constructores, guerreros, cazadores. Nada nos es dado. La vida es una danza inconclusa. Decimales que se extienden hacia el infinito. Solo tenemos que ser valientes. Abrir la caja. Darle una patada en el culo al miedo. 

Sentir la agónica esperanza.


Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.


lunes, 20 de mayo de 2013

Sobre el espejismo de la ciencia.

No suelo recomendar libros o autores. Me suena medio arrogante hacerlo. Ya sabes, típico de la gente que se la da"de culta". Personalmente disfruto cuando la gente me dice que "no parezco psicólogo". Algunos me lo dicen como alago, otros no. En fin, me da igual, lo disfruto de las dos maneras. Dicho esto, en el caso de Rupert Sheldrake haré una excepción. Lo conocí a través del que quizás sea el ultimo gran terapeuta familiar (famoso) vivo. Me refiero a Carlos Sluzki, que se valió de la teoría de campos mórficos (idea de Sharke) para fortalecer si cabe aún más el grueso cuerpo de conocimientos del modelo sistémico. Acercando más a éste último a lo que realmente debe ser: una metáfora de la biología, es decir, un poema de la vida.

¿Crisis en la ciencia?
¡Bienvenida!
Rupert es un científico atípico. No es de los que viven burlándose de aquello que no pueden medir o pesar. Muy al contrario, desdeña los dogmas. Vengan estos de donde vengan. Aunque claro, alega que en estos tiempos donde la objetividad se ha vuelto dictadura, el dogmatismo científico es sin duda el más peligroso y dañino de todos los dogmas. 

¿Dogmatismo ciencífico? Sí. Esto horroriza a muchos, ya sé. Sobre todo teniendo en cuenta que el primer gran enemigo de la ciencia fue justamente el dogma. Es decir, la imposibilidad de poner en duda cierta idea o sistema de pensamiento. Lo cierto es que el dogma resulta algo necesario para el desarrollo de una dimensión espiritual seria. Al fin y al cabo, la trascendencia necesita de Fe. Y la Fe es una ruptura del mundo ordinario que sí o sí necesita que ciertas cosas sean dadas por hecho. Estos dogmas tienden generalmente a ser bastante ilógicos, hechos extraordinarios que rompen con la continuidad del mundo. Que patean nuestro tablero rompiendo la realidad en miles de padacitos. Vamos, como el LSD pero gratis. De este modo, la aceptación de un dogma, de su misterio, bien puede ser una puerta a un estado de consciencia ampliado. En otras palabras, el dogma no tiene necesariamente que ser considerado algo dañino. Para nada.

¿Cuando lo es? Si analizamos la historia, encontramos que los dogmas resultan peligrosos en la medida en la que estos tratan de invadir y regular la intimidad del pueblo. Supongo que es por eso que cuando Platón escribió las "leyes", fue el primero en diferenciar la esfera pública de la privada. Pues, en aquella época, el pensamiento filosófico griego no estaba precisamente bien visto por los atenienses. La idea de que por allí hubiera caminando una serie de tipos que cuestionaban, entre otras cosas, la existencia de los dioses, no caía muy bien. Tampoco les agradaba mucho que cualquier joven discípulo de un filósofo, terminara siendo más sabio que su propio padre. Les asuataba mucho una sociedad en la que el padre supiera más que el hijo. Aquel era un progreso inaceptable para el ateniense medio. Peligroso para el "status quo". Bueno, así terminó el pobrecito de Sócrates. De esta forma, la diferenciación entre lo público y lo privado hecha por Platón sirvió para crear un marco de protección legal frente al embate que en aquel entonces sufría la libertad de pensamiento. Dejando viva una pequeña luz.  Que podría sobrevivir encendida en la medida en que no iluminara a aquellos que no tenían ni el más mínimo deseo de verla.

Que nadie os engañe.
La vida sigue siendo un misterio.
Hoy día es justamente al revés. Creer en algo da cada vez más vergüenza. Las páginas y autores pro-ciencia se dedican a denostar y a humillar cualquier idea espiritual que se les presente. El ateismo es ahora el dogma. Y el creacionismo pasa a ser víctima mientras que la idea de un surgimiento accidental de la vida, carente de sentido estético alguno, pasa a ser la idea dominante.

Y con esto no niego ningún avance científico, todo bien con la ciencia, con la buena ciencia. Es más, negar que la vida es nada más que un accidente es algo estúpido. Quizá tan estúpido como afirmar lo contrario.

Ahora... como dice Rupert Sheldrake...

"...La principal diferencia entre los dogmas religiosos y los científicos es que la gente religiosa sabe que sus creencias son creencias. Las personas que creen en el materialismo científico dogmático, a menudo no son conscientes de que sus creencias son creencias. Simplemente piensan que conocen la verdad. En este sentido, sus creencias son incluso más dogmáticas que las de los fundamentalistas religiosos..." 


Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Flores muertas.


Videla ha muerto. Algunos, los de siempre, dicen que eso no es importante. Que a los jóvenes esas cosas les dan igual. Confunden la historia con el ratig, el valor con el precio y la democracia con el marketing. Puede que mi hija aún no sepa quien fue Videla. Pero gracias a Dios algún día sabrá que fue un hombre malo. Que hizo mucho daño, pero que al final, no se salió con la suya. Y así sabrá que, a veces, los buenos ganan. Siempre al final. Que la vida se abre camino. Que lo que jamás desaparece es la esperanza. Descanse usted en paz Jorge Rafael Videla. En su tumba lo esperan 30.000 flores muertas.

Suerte con eso.


Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.




lunes, 13 de mayo de 2013

Sin perder la inocencia.


Dos jóvenes aprendices salen de su templo para comprar en el mercado. En el camino se encuentran con un hombre de rostro amable. Ellos están cansados, se nota. Así es que el hombre se ofrece acompañarlos a través de un camino más seguro. Lejos de los ladrones que habitualmente acechan los bosques de la zona. Los muchachos, agradecidos, aceptan seguirlo. Es una decisión. De las miles que tomamos todos nosotros a diario. En este caso, por el motivo que sea, ambos eligieron confiar.

El mayor error no es equivocar el camino,
sino dejar de caminar.
Les robaron.

¡Ah! Y los cagaron a palos también.

Al volver, sucios, pobres y magullados, el maestro les preguntó:

-Y diganme, ¿Qué es lo que han aprendido?

-A no confiar en los extraños- respondió el primero.

-A esperar lo inesperado- dijo a su vez el segundo.

El primero fue inmediatamente expulsado del templo, al segundo se le permitió seguir. Cuando este último pregunto el por qué de la expulsión de su compañero, el maestro contestó:

-¿Si un carpintero se golpea con su propio martillo, debería dejar de usarlo para siempre? ¿O dejar de ser carpintero? ¿Qué clase de vida es una vida sin confianza?

La primera vez que escuché esta historia pensé mucho en el pibe al que expulsaron. Pobre, me dio pena. Hasta me sentí identificado. ¡Menudo día! Le roban, lo cagan a patadas y después, como frutilla del postre y para terminar así de coronar un glorioso día, le expulsan del templo para siempre. Joder, que mierda.

¿El secreto de la vida?
Quizás sea estar atentos sin perder la inocencia.

Después me puse a pensar en el segundo muchacho. Había recibido los mismos palos que el primero y sin embargo su día terminaba bastante mejor. Su respuesta fue la clave. El también había aprendido algo. Un aprendizaje distinto al de su compañero, más sano. ¿Pero qué es exactamente lo que aprendió? Básicamente a estar atento, pero sin perder la inocencia. A caminar por este mundo afrontando el miedo. Sin escaparle a este encerrado en un escudo de desconfianza. Pero sin negar el dolor de su existencia cegado por una venda de opaca inconsciencia.

La confianza es una fina línea que transcurre entre desconfianza y la inconsciencia. Entre el autocontrol  más cobarde y la estupidez lisa y llana. Una cuerda floja donde la atención es la clave.

No sé por qué escribo esto. Supongo que debe ser porque a más años cumples más palos te llevas. La confianza se pierde, y la inocencia, tristemente se marchita. Después te olvidas de ella como si nunca hubiera existido. Como si aquella alegría juvenil, esas ganas de comerse el mundo, apenas hubieran sido un mal sueño, uno tonto. Nada más. Por eso hoy más que nunca estoy convencido de que hay que tener cuidado. No miedo, cuidado. Cuidado de nosotros mismos. Debemos estar atentos. Nos va la vida en ello. En fin, quien sabe, quizás hacerse viejo sea algo más que cumplir años. Puede incluso que la edad no tenga nada que ver. Pues aquel que confía en la vida, nunca dejará de ser un niño.



Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.






miércoles, 9 de enero de 2013

El voto de los pobres.


En la latinoamérica actual se cuestiona la legitimidad
de sus gobernantes.
-¡Unai, los pobres votan lo que votan porque son más manipulables!

-¿Y cómo se los manipula?

-Porque tienen más necesidades.

-¿Entonces las personas ricas o de clase media no tienen necesidades?

-Ya sé a donde querés ir.. claro que tienen necesidades, pero son de consumo. Y eso es muy distinto.

-¿Te refieres a los viajes al exterior o a los televisores de plasma?

-Exactamente.

-No creo que sea tan sencillo dividir unas necesidades de otras, o a una clase social de otra; pero bueno, vamos a darlo hipotéticamente por válido. Aunque me queda una duda, ¿Me podrías explicar en que se diferencian dichas necesidades?

-Sí, como dije las necesidades de la clase media son de consumo, de tipo superficial, en ellas nadie se juega la vida. En cambio,  las necesidades de las personas humildes son mucho más fuertes.

¿Más honestas?

No conozco en la historia ninguna lucha por
un mundo más justo que no haya sido iniciada o sostenida
gracias a la fuerza de los más humildes.
-No, no es lo que quiero decir.

¿Y que es lo que quieres decir?

-Ahora no sé cómo expresarlo.

-Quizás entonces tendrías que cuidarte de hablar tan a la ligera, al menos hasta que tengas tu idea bien fundamentada. Mira, yo nunca vi a un pobre decir que el voto de la clase media era menos válido que el suyo, jamás vi a ningún "pobre" decir que la clase media es infinitamente más permeable por los medios o a causa sus caprichosas necesidades de consumo. Ellos, como tu dices, sí se juegan la vida. Y sin embargo tienen el buen gusto de callar y respetar tu voto. Creo que deberías hacer lo mismo.

-Ok, mejor lo dejamos acá.

-¿Estás enojada?

-No.


Escribiendo desde el sur del sur

Lic. Unai Rivas Campo.

lunes, 7 de enero de 2013

Cómo leer este blog.

Hoy me contactó un lector.

Si, aunque parezca mentira esto lo lee alguien.

En fin, el caso es que me di cuenta de que no se me entiende demasiado. Lo cierto es que tampoco lo pretendo, al fin y al cabo aquello que se entiende solamente con la conciencia jamás se entiende realmente. Por eso trato de que la estructura de pensamiento tras mis escritos se infiera. Que la esencia tras mis palabras pueda ser reconstruida por cada uno, a su manera.

Aquello que merece la pena aprender, no puede solamente ser
comprendido desde la conciencia.
No hay nada peor que un psicólogo loro. Me refiero a esos que repiten de manera compulsiva citas de los autores a los que supuestamente admiran, pero que rara vez comprenden. Así se crean aparatos de poder. Donde el que más repite alcanza cierto estatus y un puesto en una jerarquía basada en una mentira. Una mentira consensuada donde nadie se entera de nada y en la que paradógicamente todos simulan saber.

Pues no. Aquí no voy a explicar nada directamente. ¿Tengo claras las bases de mi pensamiento? Creo que sí. Tanto como dudas me quedan. Demasiadas cosas por aprender. Los misterios de la estética continúan siendo enormes y estamos en pañales en cuanto a lo que sabiduría se refiere. Somos niños. Dioses tontos que desconocen la responsabilidad inherente a su potencial.

Mientras tanto nos quedan los grandes autores. Desde Milton Erickson hasta Castaneda. Y por supuesto Bateson, el más sabio de todos. Un gigante. Leerlo, por cierto, es mucho más interesante que perder el tiempo aquí. Es difícil, a el tampoco le gustaba revelar abiertamente lo que creía saber. O no podía, quien sabe. Y sin embargo enseñaba mucho más de lo que nadie ha hecho. Esto no significa que se expresara de manera oscura, al contrario, hablaba claro. Ocurre que no se comunicaba solamente con la conciencia. Pues ésta, si bien es inteligente, carece de sabiduría.

En conclusión, este blog no pretende construir una escuela. Nada me entristecería más que vivir rodeado de loros. De todas formas reconozco que existen artículos más importantes que otros. Pero en todos se encontrará la esencia estética de la teoría sistémica, recortes de su poesía y metáfora.

O al menos eso intento.


Escribiendo desde el sur del sur.


Lic Unai Rivas Campo.

martes, 4 de diciembre de 2012

La dictadura de la objetividad.

Pintura que muestra la quema de brujas en la edad media.
Hubo un tiempo en el que se quemaban brujas. Bueno, brujas y lo que fuera. Aquella gente no era precisamente muy exquisita. Todo aquello que sonara u oliera a diferente terminaba en la hoguera. Supongo que les gustaba mucho el tema quemar, no sé.

Estoy hablando por supuesto de la edad media.

Tiempo pasado.

¿O no?

Hoy vivimos bajo la égida de otra dictadura. Más cruel y sangrienta. Implaclable. Estoy hablando claro está sobre la dictadura de la objetividad.

Somos la civilización que más tiempo, esfuerzo y dinero ha invertido en comprender y encumbrar la materia. Desde los millones de euros invertidos en un colisionador de hadrones de proporciones faraónicas, hasta las clásicas frases de elogio. Esas que dicen cosas como "te lo cuento a vos porque sos un tipo objetivo". En fin, lo cierto es que la objetividad es una característica propia de los objetos. Nada más. No obstante, los sujetos estamos condenados a relacionarnos con la materia. Podemos comprenderla, desde nuestra sibjetividad. Usar la lógica (que es una sistema de pensamiento objetivo), pero jamás podremos percibir objetivamente nuestra realidad. Somos sujetos, atravesados por historias, emociones, anhelos y fantasías. Y nuestra forma de comprender nuestro universo siempre estará atravesada por dicha subjetividad. No obstante, la vinculacion de los humanos con la percepción objetiva es un tema fascinante. Algo digno de investigar que por falta de tiempo prefiero dejar para otra noche.

Logotipo que aparece en una famosa
página escéptica.
¿Estamos frente a la inquisición moderna?
Y es que para comenzar a hablar de dicha relación primero debemos asumir que estamos atravesados por la subjetividad. Algo que no todos están dispuestos a hacer. Esto es lo que justamente sucede con algunos círculos autoproclamados escépticos. Grupos en principio bienintencionados que buscarían desbaratar algunos mitos, creencias o estafas que caminan por ahí. Pero que en su seno ocultan el peor de los males. La más oscura de las cegueras. Llegando a negar la existencia misma de su propia subjetividad. Y es que la objetividad tiene sus ventajas. Nadie puede negarlo. Si algo pesa tres kilos pesa tres kilos. ¿Qué se puede debatir? Nada. En ese sentido la objetividad es fantástica. El dolor de la duda queda anestesiado bajo frío manto de cemento.

El problema es que como toda anestesia, esta se vuelve adictiva. Al fin y al cabo es sencillo afrontar la vida desde ahí. Demasiado. Lo comprobado no se discute y la victoria estaría siempre asegurada. Generando así una euforia atrapante para sus miembros. Una captura de la que es difícil salir. Tanto que los actualmente autoproclamados escépticos son incapaces de aceptar cualquier forma de subjetividad. Llegando incluso a negar lo innegable. Como la subjetividad en las ciencias. Y es que en cualquier investigación, tanto las hipótesis como las conclusiones son hechos profundamente subjetivos. Algo que lejos de restarle mérito, hace de la ciencia una seductora forma de acercarse al conocimiento.

¿Qué ocurre cuando la economía se
transforma en una ciencia objetiva?
¿Y cuando la objetividad se vuelve un dogma?
Hasta ahí esto no sería nada demasiado grave. Apenas unas pocas mentes obtusas ahogadas en su propia soberbia. Malos científicos. Nada más. Sin embargo el asunto se complica cuando comenzamos a ahondar en las muchas implicaciónes que la epistemología objetivista supone.

No en vano, ver el mundo desde una pretensión de absoluta objetividad tiene sus consecuencias. Tantas como el relativismo puro. Tan peligroso es creer que todo puede ser cuestionado como que nada lo es. A veces pienso en estos últimos años. En la crisis mundial. En como se fue todo a la mierda. Quien sabe, quizás deberíamos habernos cuestionado más las cosas. Plantear que la ciencia económica no estaba tan llena de verdades objetivas. Que los nuevos dogmas liberales no nos hicieron más libres. Porque somos esclavos. Esclavos de la prepotente tiranía de lo objetivo. Mientras tanto, la filosofía ha sido relegada a cubo de basura de la historia. Allí descansa con el resto de las humanidades. Enterrada junto a nuestros sueños de un mundo mejor.

En fin, no importa. La vida siempre sale adelante.

Y sinceramente, las cosas más lindas son aquellas que crecen en los lugares más oscuros.

Flores salvajes, libres, que brillan con luz propia.


Escribiendo desde el sur del sur.


Lic. Unai Rivas Campo.