lunes, 6 de febrero de 2012

Dolor, budismo, identidad y consumo.

El budismo apunta directamente al
problema del sufrimiento.
Dice el budismo que existen cuatro grandes verdades. La primera de ellas es que existe el sufrimiento. Por mi parte nada que objetar. Supongo que buda quería empezar con cosas básicas. La gente pierde el interés en seguida y en esto de las religiones lo mejor es no aburrir. Después, plantea que la causa de dicho sufrimiento viene de los deseos. Las siguientes dos verdades están dedicadas a que los futuros budistas acepten al budismo como camino a la solución del problema del sufrimiento. ¿Muy interesante no? Sobre todo si tenemos en cuenta que estos son los pasos necesarios para un exitoso tratamiento psicológico. Me refiero a aceptar que se sufre y al hecho de comprometerse con un camino hacia su solución. Siento un profundo respeto por el budismo. Sin embargo tengo la sensación de que este no es el único camino o tratamiento posible contra el sufrimiento. Tampoco creo que buda hubiera imaginado jamás la existencia de aviones, reggaeton o teléfonos móviles. Y mucho menos el efecto psíquico que estos han causado en nuestras mentes. Hoy somos abismalmente distintos a aquellos humanos a los que el buda sakyamuni predicaba. Cada vez más inteligentes y enfermos. La terapia budista quizá necesite por tanto de algunos retoques.

Y el primero de ellos bien podría ser el concepto de deseo. Reconozco que no sé si el problema está en el budismo o en la traducción que los occidentales hemos hecho de él. De hecho, Buda no hablaba justamente de deseo, usaba la palabra "tanha" que resulta ser (y ojalá me corrijan) una mezcla entre desear y aferrarse. Una suerte de control. En otros artículos plantee las diferencias entre querer y desear. Pues mientras que el deseo es un mensaje coherente que nuestros cuerpos nos envían para reequilibrarnos con el medio circundante, el "querer" es un intento consciente de forzar la realidad para que esta sea absolutamente ideal a los ojos de nuestras mentes. Hay una frase popular que dice "ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se te cumpla". Supongo que la frase hace referencia a esa clase de deseo al que yo llamo "quiero". Donde lo anhelado no emana de la vida, sino de una mente sesgada del cuerpo. Una mente que imagina ideales alejados del verdadero deseo y que termina cometiendo el pecado de querer sin desear.

Somos consumidos por aquello que creemos consumir.
Cualquiera diría entonces que el estado de conciencia "quiero" no tiene demasiado sentido, ¿Entonces por qué caemos en él? Supongo que porque en la inmediatez, este estado de conciencia o sistema de ideas tiene sus ventajas. Quizás la mayor de todas sea su capacidad para anestesiar el dolor. Pues durante un breve periodo de tiempo lo doloroso deja de existir frente la falsa promesa del ideal. Además, no olvidemos que la mente racional, sesgada de los afectos del cuerpo, resulta incapaz de concebir la realidad de los sentimientos. La consecuencia directa de esta negación de la realidad afectiva es la angustia. Ese remanente de emociones no reconocidas que terminan siendo experimentadas como un peso u ahogo constante. Una no vida. Que justamente nos lleva al segundo efecto secundario del estado de conciencia "quiero". Y es que existir es un sentimiento. Una vivencia del ser, truncada al quedar nuestras conciencias atrapadas por las vacías exigencias de la mente. Así terminamos huecos de sentido. Tratando de saciar nuestro agujero interno a base de materia. De objetos inertes que nos llenan sin completar. Cosas. Que atesoramos como fantasmas aferrados a un mundo que ya no les pertenece.  La miserable idolatría hacia un fabricante de teléfonos.  El consumismo hecho religión. Y la identidad, hecha consumo.

Hoy es cool reírse de las religiones. Seguramente el budismo no tendrá todas las respuestas al desafío que supone el mundo actual. Es posible que el cristianismo tampoco. Ya sé que todas ellas han cometido injusticias. También me doy cuenta de que en su ausencia se están cometiendo muchísimas más. La humanidad navega sobre aguas oscuras. Quien sabe. Puede que no siempre mirar para adelante sea sinónimo de avanzar.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

jueves, 2 de febrero de 2012

El conocimiento, el poder y la obsecuencia.

Algunos buscan el conocimiento, otros solo el poder.
Los segundos trepan, los primeros aprenden.
Hace cinco años Jorge Corsi era una estrella. Y su nombre sinónimo de ética, prestigio y erudición. Aún recuerdo aquellas entrevistas repletas de halagos. Los pomposos carteles anunciando sus ponencias. Y a los colegas de profesión presumiendo de su cercanía para con él.  A mí siempre me pareció un mediocre. Repleto de frases hechas y lugares comunes. Patentaba palabras, conceptos huecos con los que vender supuestas teorías. Todo en él me parecía una burbuja. En realidad sus ideas partían de una base simplista, moralista y maniquea. Culpaba a la cultura patriarcal del fenómeno de la violencia de género. Nada que no pudiera decir el frutero de la esquina. Sin embargo el era mucho más que un frutero, el era Jorge Corsi, y aunque los que trabajamos en esto, sabemos que la violencia de género es un fenómeno que trasciende a las cuestiones netamente culturales, la palabra de Corsi tenía un peso que él hacía valer sobre cualquier otra experiencia. Porque lo cierto es que, hablando de experiencia, el Licenciado carecía de ella. En realidad, sus hipótesis habían sido traídas en forma de fotocopias de un viaje que realizó a los EEUU tiempo atrás. A partir de aquello fue que logró armarse de poder desde la UBA. De tal forma que durante décadas, la palabra de Corsi fue considerada palabra sagrada. Criticar sus hipótesis era casi un suicidio profesional. En aquel entonces, llovían los obsecuentes y los lamebotas del mundo se agolpaban para decir "sí", que claro está, es lo único que los lamebotas saben decir. Así, el Licenciado Corsi saboreaba las mieles de aquel que está sentado en lo más alto de la cumbre intelectual..

Hasta que un día, la cumbre se le clavó bien hondo en el culo.

Las ratas abandonan el barco del poder.
Cuando llegaron las denuncias por abuso sexual infantil todos sentimos el terremoto. Nadie podría creerlo. Vienen a mi memoria los momentos de confusión entre sus discípulos. Que tras el impacto inicial, rápidamente se apresuraron a escapar del barco. Y es que ahora, denostado como está, esos mismos obsecuentes brillan por su ausencia. Conozco a muchos. Tienen algo en común: todos callan. Y lo hacen porque nunca se tomaron más de dos minutos para pensar sus ideas. Solo les interesaba el poder que le rodeaba. Los malditos contactos laborales o esa patética línea extra en el currículum. En fin, digamos entonces que Jorge Corsi, hoy condenado por pederastia, es un buen ejemplo de como lo que la mayoría de las personas buscan en esta mi profesión es el poder y no el conocimiento.

Como alguna vez sugirió Bordieu, no es tan importante que muestras, o el valor de aquello que argumentas, sino desde donde lo haces. Cuanto poder tiene el lugar en el que estás sentado. Cuando Focault dice que la verdad es poder, lo que nos está diciendo es que el poder es la auténtica verdad. O al menos así lo es para muchos. Y si algún mérito ha tenido este buen señor, es que siempre supo muy bien cuidar de su poder.

Jorge Corsi ya no existe más. Y los obsecuentes, ahora huérfanos, buscarán a otro. Cualquiera. No importa demasiado si lo que dice es válido o no. Conocimiento no es lo que buscan.

Nunca lo será.


Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

lunes, 30 de enero de 2012

La gran pregunta.

La materia oscura ocupa el 23% del universo.  Es invisible.
Sin embargo se puede inferir su presencia a través de las llamadas
"lentes gravitacionales"
¿Qué es la materia oscura?

¿A qué viene esa pregunta?

¿No puedes contestar?

-No he dicho eso. Se le dice materia oscura a la materia que "falta" en el universo. La materia que se ha encontrado hasta ahora en los cuerpos celestes no es suficiente como para poder generar la gravedad necesaria para que el universo se sostenga. A esa materia que "falta" se la conoce por materia oscura. 

-¿De que se compone?

-Hay algunas sospechas, se habla de la posibilidad de que esta estuviera compuesta por neutrinos, pero para comprobar dicha hipótesis se tendría que demostrar que los neutrinos fueran poseedores de masa. Y todavía no se ha hecho. Además, esto tampoco explicaría completamente el problema de la masa que falta. El caso es que aún no se sabe nada a ciencia cierta.

-¡Es fascinante! Descubrir cuales son las partículas elementales del universo...

-Si que lo es. Aunque en realidad, eso ya lo sabemos...

-¿Qué sabemos?

-Sabemos cual o cuales son las partículas elementales del universo..

-¿Cuál es?

-La partícula elemental del universo es la idea. 

-¿Que es una idea? ¿Como puede ser que la idea sea una partícula más básica que el neutrino?

Todo lo existente es información
para alguien o algo.
-Bateson decía que una idea es una diferencia que genera otra diferencia. A mi me gusta decir lo mismo de otra manera: yo digo que una idea es una percepción. Al final todo se trata de percepciones. Y eso incluye a los neutrinos, tengan estos masa o no. En otras palabras, el neutrino es una idea pero una idea no es un neutrino. Diría también que una idea pertenece a un tipo lógico de análisis superior al del neutrino, pero eso ya es complicar demasiado este asunto.


-Una cosa.. ¿Por qué definir idea de otra manera si estás de acuerdo con la definición de Bateson?

-Porque mucha gente memoriza explicaciones sin saber lo que estas significan. El gran peligro de la psicología es repetir sin entender. Si logro decir lo mismo de otra forma es prueba de que lo he comprendido. 

-Comprendo.. creo. ¿Te puedo hacer otra pregunta?

-Todas las que quieras, estoy de vacaciones y no tengo nada mejor que hacer.

-¿Que es un sistema?

-Eso es sencillo de responder. Un sistema es un conjunto organizado de ideas. 

-¿Me puedes poner algunos ejemplos?

-Todo lo que nos rodea está organizado sistémicamente. Una célula, un problema psicológico, el sistema financiero, nuestra galaxia, una familia... todo.

-¿Cómo se organizan las ideas?

-Las ideas se organizan bajo las leyes estéticas. Supongo que ahora me preguntarás cuales son, así que me voy a adelantar. Esas leyes son muchas. Conocemos algunas, como la de límite, homeóstasis, separación entre tipos lógicos, analogía, continuidad etc. Sin embargo desconocemos mucho sobre ellas. Además es muy posible que existan muchísimas leyes de las que no sepamos absolutamente nada.

-¿Pero por qué las ideas o percepciones se organizan?

Ejemplo de algunas de las leyes estéticas más sencillas.
-Esa es la gran pregunta. Quizás no haya un por qué. No lo sé. Lo cierto es que dichas leyes son la base de todo lo existente. Desde un beso hasta un neutrino. Todo. Un reconocido filósofo se hizo una vez la pregunta de por que hay algo, en vez de nada. La verdad, jamás le di demasiada importancia a aquella pregunta. En aquel entonces me parecía la típica discusión intelectual ridícula. Vacía e inútil. Suponía además que la nada y lo existente estaban relacionados, y que por tanto la nada era "algo" en función a su relación con lo existente. Una danza dialéctica entre el ser y el no ser. Sin embargo ahora me pregunto lo mismo que tu. Es decir ¿Por que hay leyes estéticas? ¿De donde viene la belleza? ¿Cual es el misterio?

-¿No lo sabes?

-No. Sin embargo trato de no perder la esperanza.

-Quizá sea esa la respuesta.

-No te entiendo.

-Lo sé.


Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

viernes, 27 de enero de 2012

Aprendizaje inconsciente.

Negar el inconsciente es negar que soñamos.
El inconsciente existe. Sí, ya sé que con esto los cognitivos se ofenden o algo así. Que no encaja en su mezquina guerra de poder con los psicoanalistas. Pero en fin, existe. Hasta ellos lo reconocen. Lo "no consciente" lo llaman a veces no sin antes poner cierto rostro de incomodidad. Da igual el nombre. Lo importante es dejar claro que más allá de las diferencias esto es una realidad. Que hay cosas de nosotros mismos que desconocemos, y que de algún modo nos afectan. Como ya he dicho, cada modelo o forma de entender la psicología ha hecho su particular interpretación de él. Algunos lo ocultaron debajo de la alfombra, otros lo encumbraron e incluso están aquellos que lo declararon culpable de todos nuestros males. Los sistémicos lo vemos de manera distinta. Creemos que el inconsciente es una forma de percepción. Una manera de ver el mundo, que como toda manera de ver el mundo, construye la realidad a la par que la percibe. Es decir que al mirar se crea lo mirado. Que ese mirar nos atraviesa, y que dichas percepciones están organizadas en si mismas. Percepciones que a su vez se organizan en ideas a las que llamamos sistemas. Y finalmente creemos que esos sistemas se rigen por leyes estéticas. Así lo que planteamos es que el inconsciente es belleza. Una belleza de peculiares secretos.

Se aplica a mujeres y hombres.
El deseo consciente, espanta lo deseado.
Hoy, nos vamos a dedicar a develar uno de ellos: el secreto del aprendizaje. Pues si el consciente aprende, el inconsciente también. Claro que lo hace de un modo distinto. Y es que sucede que para aprender algunas cosas es necesario tolerar no comprenderlas del todo. Dice el Tao que a la sabiduría se llega renunciando a ella, dejándola ir. Como aquel que permite ser atravesado por la corriente de un río. Supongo que es lo mismo que dice el chamanismo castanédico cuando habla de encontrar algo sin buscarlo. Ellos lo llaman "no hacer", los taoístas "wu wei", que básicamente es lo mismo.  ¿Alguna vez habéis deseado con todas vuestras fuerzas tener pareja? Dicen que no hay nada en este mundo que espante más una posible relación que dicho deseo. Recuerdo aquel anuncio de un refresco donde un chico desesperado por conocer mujeres, las alejaba justamente por causa de aquella desesperación. En el vídeo, se veía como las chicas a las que él inocentemente se acercaba, mostraban un extraño rechazo, casi animal. ¿Qué le pasaba al muchacho? Feo no era. Bajo el punto de vista sistémico, nuestro joven amigo estaba tratando de controlar su inconsciente. De forzar algo  (en este caso una relación) que en realidad tiene que surgir naturalmente. Y cuando esto se hace, no solo es el propio inconsciente el que ejerce una resistencia, sino también el ajeno.

Vemos entonces que el inconsciente, propio y ajeno, se resiste al control consciente. Que no es posible llegar al mundo inconsciente a propósito. Y la pregunta entonces es, ¿Cómo llegar a la sabiduría inconsciente si no podemos hacerlo a propósito? Son muchos los caminos y sin embargo todos se pueden resumir en una clave: engañar al consciente. Ahora os preguntaréis como se puede engañar al consciente. Hay muchas maneras. Sustancias, rituales, técnicas desestabilizadoras del yo, algunas terapias, etc. De todas las formas y colores. Lo importante es siempre no darse cuenta del todo. Ignorar una parte de lo que está sucediendo a la vez que el consciente está distraído con otra cosa. Debe de haber una intensidad especial. Jugar con el tiempo y el espacio siempre es importante. De tal manera que el mensaje, comunicado en forma de metáfora, llegue a su destino. Quizás lo más interesante sea que una vez abierta la puerta, la información puede llegar de los dos lados. Pues el inconsciente tiene a veces mucho más que enseñarnos a nosotros que nosotros a él.
El inconsciente puede aprender, pero sobre todo enseñar.

Corren tiempos difíciles para el inconsciente. Parece que en este sistema enfermo en el que vivimos sus verdades sobran. No me extraña. Al libre mercado le enerva todo aquello que no puede controlar. Y sabe bien que este es uno de los pocos lugares donde no puede poner una jodida cámara. Y eso le jode. Se nota.

Sin embargo también corren tiempos de esperanza. Internet ha demostrado como una herramienta de control en masa, en este caso la tecnología, puede terminar resultando justamente lo contrario. Dice un viejo proverbio que Dios no se deja burlar. Que tarde o temprano todo aquello que se controla, se descontrola. Que la vida sigue inexorablemente su camino. Un camino que es el nuestro.

Llegarán tiempos mejores.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.

sábado, 21 de enero de 2012

El turista y el viajero.

¿Y si los extraterrestres vinieran a este planeta? Solo espero que no vengan a hacer turismo. Dudo que exista una invasión más catastrófica y pacífica. Porque nadie se opone abiertamente a ella. Hasta el punto que incluso se la celebra. Mientras, arrasa con cada lugar que encuentra a su paso convirtiendo todo aquello que toca en tiendas de regalo, escaleras mecánicas y shoppings. Espacios tomados por el mercado donde solo existes por lo que consumes. Donde lo consumido no será una hamburguesa sino una experiencia mentirosa. Cáscaras vacías listas para mostrar. Esa patética foto delante de la Tour Eiffel en tu perfil de facebook. Una sonrisa forzada. Y tu felicidad etiquetada y envasada al vacío. No. Que nadie se confunda, un turista jamás será un viajero. Nunca sentirá el caminar errático o el dulce aroma del abismo. El ahogo de sentirse extraño, extranjero. Vivo y muerto de miedo. De miedo a no volver. O a quedarse para siempre. Da igual. No. Que nadie se confunda. El turista no viaja, se mueve. Porque eso es el turismo: un movimiento sin viaje. Nube tóxica que envenena la poca magia que queda en el mundo. Pervirtiendo la dignidad de sus pueblos mientras seca hasta la última gota de su sencillez. Dejando solo un cráter, apenas unas grietas con forma de mueca ensayada. Prostituyendo la intimidad a cambio de dólares. No. Que nadie se confunda, el turismo nunca trae riqueza, solo trae ricos. Ricos miserables que ensucian con su dinero la pureza de los paisajes, costumbres y momentos. Adornando y adornando y adornado lo adornado hasta hacer de lo aterradoramente bello algo cool, banal y sobre todo, tolerable. Como el que se come una sopa light hecha de extracto de un polvo residual de algo que alguna vez quizás fue sopa. No. Que nadie se confunda. Ni el turismo es un viaje, ni el turista un viajero. Ni tampoco trae riquezas. Nada. El turismo es una mierda. El cáncer de los pueblos sometidos. La sumisión de los que olvidaron aquello que debieron ser, y que ya no son nada. Así es que no. Por favor, que nadie se confunda .Un turista no es un viajero. Un turista no es nada.

Escribiendo desde la nada.

Lic Unai Rivas Campo.

jueves, 19 de enero de 2012

El hundimiento del Costa Concordia.

Aquí en Europa no se escucha otra cosa en los medios. No cabe duda de que como historia tiene tintes atrayentes. Un barco hundido. Un capitán cobarde, mentiroso y negligente. Y como no, el héroe. Encarnado por el capitán Gregorio de Falco, que toma el mando de la catástrofe mientras increpa con autoridad al huidizo capitán. Así tenemos al villano, depositario de todas las culpas, junto con el inmediato héroe resultante de tanta maldad.

Algo se hunde en Europa.
Cada uno cumple su función dentro de la obra. El papel que los medios y nosotros como audiencia les hemos dado. Desde ya que este es un hecho grave y doloroso. Que por supuesto merece nuestra atención. Sin embargo todo esto no explica en sí el absoluto bombardeo con el que los medios han saturado los diarios y las televisiones. O la compulsión con la que la gente se queda pegada al televisor en busca de nuevos refritos acerca de la misma noticia. No. Se siente que hay algo más. Se nota un clima de fascinación que ronda todo el imaginario alrededor de la tragedia. Y es que si el mundo es un sistema, europa también lo es. Un sistema que como todo sistema se comunica por metáforas. Expresiones estéticas. Símbolos de una caída mucho mayor. De una sensación generalizada de que aquí todo se va a la mierda. Los derechos, la industria, las libertades. Todo. Hundiéndose mientras los que deberían tirarnos el salvavidas corren al grito de "sálvese quien pueda". Porque si de los barcos se fugan los capitanes, de los bancos, los capitales.

Dice el psicoanálisis que el síntoma es la expresión de un trauma no asumido. Quien sabe. Lo qué si tengo claro es que aquí nadie asume demasiado. La fiesta sigue y los hundimientos, ya se sabe, es mucho mejor verlos afuera. Proyectados. A ser posible en la tele.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.

Por si quieren leer algo más interesante sobre el tema: Pinchen aquí..

martes, 17 de enero de 2012

Sobre lo verdadero y lo falso en las ciencias.

       "Y sin embargo se mueve"
      Galileo Galilei.


Hace un par de semanas me encontré con un dilema. Era una de esas cosas que la gente escribe en las redes sociales. Un médico, entendido en temas de ciencia, hacía una encuesta. El cuestionario contenía una larga serie de enunciados. El reto consistía en responder cuales de ellos creíamos que eran verdaderos:

1.-Usted utiliza el 10% de su capacidad cerebral.
2.-Usted puede percibir si alguien le mira desde sus espaldas". 
3.-Los síntomas de artrosis se relacionan con el clima (humedad y presión atmosférica).
4.-los mensajes subliminales (publicidad) pueden modificar el comportamiento".
5.-Hacer que los bebes escuchen a Mozart (incluso antes de nacer) mejora su inteligencia.
6.-Usted puede recordar una serie de diez dígitos aleatorios.
7.-Su memoria recupera los hechos del pasado tal como ocurrieron.
8.-Un hecho que precede a otro muchas veces, es su causa.
9.-Si un médico consulta un libro antes de medicarlo y otro no lo hace, usted siente más confianza por el segundo que por el primero.
10.-Lo meteorólogos se equivocan con mucha frecuencia.
11.-Usted puede explicar como funciona una bicicleta o el desagüe del inodoro.
12.-Usted es capaz de tomar buenas decisiones guiado por su intuición que usando la lógica.
13.-El entrenamiento en habilidades cognitivas (videojuegos, crucigramas) mejora nuestro desempeño intelectual cotidiano.
14.-El síndrome de déficit de atención es un invento para vender medicamentos y controlar la conducta natural de los niños.

Aquello me llamó la atención. Nunca tuve bien claro a que se refiere la gente cuando habla acerca de la verdad. De tal manera fue que me dispuse a participar en dicho juego. Estaba, en cierto modo, de acuerdo con algunas de las proposiciones.  Sin embargo, desde la perspectiva del encuestador, una persona que muchas veces se muestra indignada frente al poco reconocimiento que la sociedad le otorga a las ciencias, y por ende al método científico, se podía deducir que casi ninguna de ellas alcanzaría el rango de "verdadero". Eso era al menos lo que se podía inferir de su epistemología de referencia. Es decir, de como esta persona mira y vive el mundo. 

¿Qué es la verdad? ¿Es lo no verdadero sinónimo de falso?
Trataremos de responder a estas preguntas.
Casi desde el principio vinieron a mi cabeza una serie de reflexiones: ¿Que es lo verdadero? ¿Qué es lo verdadero para las ciencias? ¿Existe una sola verdad en ciencias? ¿Lo no verdadero es necesariamente sinónimo de falso?

Pero dejando aquellos interrogantes temporalmente de lado, me dispuse a enfrentar las preguntas del citado cuestionario. En principio, desde la epistemología de referencia del autor, la única que parecía tener cierto rango de verdad objetiva era la número 3, esa que hablaba sobre los síntomas de la artrosis y su relación con las variaciones climáticas. Sin embargo, todas las demás eran dudosas. Algunas estaban confusamente enunciadas, otras no eran nada más que simples patrañas. Eso me hizo dudar. Y es que la respuesta estéticamente más efectista era decir que todas eran falsas. Así es que comencé a investigar. Pregunté a dos médicos, a una estudiante de medicina, y busqué investigaciones sobre el tema (sí, ya lo sé, debería salir más). Incluso me tomé el atrevimiento de llamar a una mujer enferma de artrosis para preguntarle si la percepción de sus síntomas se modificaba con las variaciones climáticas (sí, no debo obsesionarme tanto, ya sé). El caso es que toda la información recolectada apuntaba de manera afirmativa. De tal modo que contesté que la única respuesta que parecía tener el rango suficiente de verdad objetiva era la número tres.

Entre tanto, había aprendido mucho sobre la artrosis.

Cuando, finalmente, la solución al enigma fue publicado, me sorprendí al encontrar la siguiente respuesta:

"SON TODAS FALSAS, GRACIAS POR PARTICIPAR".

Aquella respuesta me llenó de curiosidad. ¿Podían acaso los médicos consultados estar equivocados? ¿Era el doctor que propuso el cuestionario un mentiroso? ¿O es que acaso los estudios que leí no eran válidos?

De tal manera, me dispuse a plantear al eminente doctor mis interrogantes. Me contestó que estaba científicamente demostrado que aquello era falso, y me pasó un paper (estudio científico) que confirmaba sus dichos. Yo, por supuesto, le pasé los estudios que avalaban los míos. Su respuesta fue mas que sorprendente: aceptó la validez de los estudios presentados por mí, incluso presentó otro más en favor de mi tesis. Sin embargo argumentó que, ante la divergencia entre los estudios, la comunidad científica había llegado POR CONSENSO a la conclusión de que los síntomas de la artrosis no se veían modificados por los cambios climáticos.

En la medida en la que el método científico se adentra en
tierras subjetivas, las verdades tienden a ser
más consensuadas que objetivas.
Por consenso, que interesante. Y yo que pensaba que lo del consenso solo se utilizaba para la democracia y gran hermano, pero no, la ciencia también tiene sus consensos. Sus acuerdos intersubjetivos. Donde el poder, los egos, y los intereses económicos, se cuelan entre discusiones supuestamente lógicas. Así, la verdad científica pasa a ser una verdad consensuada, un acuerdo. Nada más.

Claro está, lejos estoy de denostar a la ciencia ni al método científico. Primero, porque estos errores no necesariamente tienen una mala intención. El inconsciente existe, lo que quiere decir que no siempre se es malo, torpe o impreciso de manera intencional. Pero en segundo lugar, porque denostar o demonizar al método científico sería negar sus innumerables descubrimientos. Cosa bastante estúpida por cierto. Por otra parte, parece que esta clase de consensos no son de rango general en las ciencias. Por lo que he podido observar, son más frecuentes a medida que estos tocan temas de orden subjetivo (como problemas psicológicos, percepción de síntomas, o en el caso de la física, la cuántica).

Creo que va llegando el tiempo de sincerarse. Los diarios están abarrotados de publicaciones que supuestamente se sustentan en la ciencia para decir que es verdadero, y que no. Y lo cierto es que cuando nos adentramos en el mundo de los subjetivo, difícilmente podemos afirmar que algo es rotundamente falso. La llamada "verdad religiosa" quedó atrás. La ciencia ganó de lejos aquella batalla. Sin embargo, hoy vivimos bajo la égida de una mentira más sutil pero quizá muchísimo más dañina que la primera: la gran mentira de la verdad. De una verdad autodesignada como objetiva. Que se ha atribuido con soberbia el derecho a calificar como falso todo aquello que no es capaz de entender desde su propio método de estudio. Un método valioso, muy valioso, tan valioso como limitado.
La verdad es como un trono.
Lo verdadero y lo falso se construirá en función de quien
o quienes estén allí sentados.

Decía Focault que la verdad es poder. Un trono donde todos quieren sentar su culo. Quien sabe, quizá sea porque te permite cagarte en cualquiera. 

Mientras tanto, mi amiga enferma de artrosis continúa delirando su dolor.

Escribiendo desde la dimensión desconocida (algunos la conocen por Europa).

Lic. Unai Rivas Campo.