martes, 25 de enero de 2011

Hace veinte años.

Hace veinte años me hubiera peleado a muerte con el psicoanálisis. Con su prepotencia por imponer interpretaciones arbitrarias sobre la subjetividad de los demás. Con su organización elitista. Pero sobre todo con su tendencia intelectual de carácter masturbatorio.

Hace veinte años me hubiera peleado a muerte con las Iglesias. Con su permanente imposición de valores religiosos propios hacia aquellos que no profesan su fe. Con su resistencia dogmática a los avances científicos. Pero sobre todo con su convivencia perversa en los más oscuros episodios de la historia humana más reciente.

Hace veinte años me hubiera peleado a muerte con los Estados. Por ser estos sistemas organizados de opresión y control sobre el hombre. Por su permanente torpeza burocrática a la hora de afrontar los problemas de sus ciudadanos. Pero sobre todo por su enquistada y sucia tendencia a la corrupción.

Así te quedas si te peleas con la masa acrítica.
Igualmente no me quejo.
Lo elijo.
Hace veinte años...

Hoy, la nada, la pseudoobjetividad neoliberal, lo miserable, lo privatizado, está atacando. Y a ella le molesta profundamente el psicoanálisis. Le resulta poco práctico. Huele demasiado a subjetividad. A humano. Lo mismo sucede con las Iglesias, pues estas siembran y fortalecen a las comunidades. Llenándolas de dignidad. Imponiendo un freno sobre la cultura de la miseria, de las zapatillas "nike" y el paco. Y tampoco, claro, toleran a los Estados, pues desean, a muerte, su privatización y su entrega a los intereses corporativos transnacionales.

Asi es que, ahora, los idiotas útiles, los progres neomoralistas,  los obsecuentes del lugar común, los inquisidores de la razón intolerante, se envalentonan. Repito, ahora. Criticando, denostando y humillando. Haciendo leña del árbol caído. Demostrando su profunda cobardía. Pero sobre todo, siendo funcionales a los más crueles deseos del sistema llamado libre mercado.

Hace veinte años me hubiera peleado a muerte con psicoanálisis, iglesias y estados.

Hoy, me peleo a muerte.

Para defenderlos.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

sábado, 22 de enero de 2011

El lobo.

Que se vayan los propagadores de mentiras, los enemigos de lo ajeno, los idólatras de la envidia. Que se lleven con ellos su perfume agrio, su sudor sin sal y su mueca de falsa prisa. ¡Que se marchen! Muy lejos. Tan lejos como un grito, un adiós, una cuna o un perdón. Que se olviden. Que enloquezcan, que resuciten y que se mueran. Y que cuando algún día les pregunten quien mierda fui, saber que coño contestar no sepan. ¡Que no me jodan! ¡Que se pierdan! Y que con las ilusiones que por ellos perdí que hagan si quieren lo que quieran. Que las compren, las usen o las vendan. Lo mismo ya me da. Que me intenten, si pueden, enterrar. Que lo intenten. Usaré mis dientes. Veremos quien termina. Veremos ¡Joder! Quien termina. Hundido bajo tierra.


Pero que vengan a mi los locos, los perdidos, los atorrantes, los poetas del kiosco y del cartón de vino. ¡Que bailen los malditos! Y que  me canten sus canciones. Sus tangos, sus milongas, sus payadas y sus cumbias. Villeras. Pegajosas. Como tu saliva mezclada y enredada con los flujos de mi lengua. Que me traigan su alegría. Que le den sentido a este absurdo día. Pero que escuchen. Que atiendan. ¡Que soy uno de ellos! Que también nací para la guerra. Que soy de la manada. Que de la manada soy un lobo. Condenado a ser un hombre. Redimido y libre en las noches, de boliches, de luna llena.

miércoles, 19 de enero de 2011

La felicidad.

No tuve una infancia feliz. Entonces así lo creía. Ahora lo sé. Supongo que por eso siempre tuve mucha curiosidad por saber a que se refería la gente con eso de la felicidad. De que mierda estaban hablando. Pasé muchos años intentando descubrir el secreto que supuestamente se encontraba detrás de aquella palabra. Tanto que en el transcurso de esos años incluso me Licencié en psicología. Aunque eso fue más por casualidad. En aquella época detestaba caminar y resultó que la facultad de psicología, que milagrosamente había aceptado mi solicitud de ingreso, se encontraba más cerca que la de derecho. En fin. Cosas de la vida y de la pereza. El caso es que tras varios años de búsqueda dejé el tema en el freezer. Suponiendo que este era uno de esos muchos misterios sin respuesta. Todo continuó de la misma manera hasta hace unos pocos años, cuando una paciente, tras un intenso proceso de reconstrucción personal, ya cerca del alta, comenzó a relatarme un sueño que había tenido días atrás: Estaba terminando de reconstruir un barco. Faltaban solamente algunos detalles, como unos pocos clavos y algo de pintura. La persona contaba con asombro como vivenció cada paso de aquella reparación. Hasta que finalmente el sueño concluyó con un espectacular izado de velas. No hay que ser un experto en psicología como para darse cuenta de cuanta salud emanaba aquella onírica vivencia. Pocas semanas después tuvo el alta. Pasaron unos meses y volvió. Solo venía a darme las gracias. Es increíble como algunas personas cometen el psicótico error de vincular sus mejorías a mi torpe persona. Pero lo verdaderamente curioso es que pocos minutos antes de terminar nuestro encuentro me relató como el sueño del barco se había vuelto a repetir. Esta vez el viento comenzó a soplar, las velas se llenaron, y con fuerza desgarradora toda la estructura de aquel buque comenzó a moverse. Para concluir contó como, al despertar, fue invadida por un indescriptible sentimiento felicidad.

No podemos controlarla. Solo podemos intentar estar
preparados para el día en el que aparezca.
Y es que hoy, tras varios años de búsqueda, me he dado cuenta de que la felicidad es como un viento. Que nos acaricia con su soplo. Movilizando todo nuestro ser. Que al igual que el viento no puede ser controlada, pues tan pronto aparece como se va. Quizá sea por eso que algunas personas pasan gran parte de sus vidas atrapadas en una época o etapa, añorando una felicidad que una vez allí sopló pero que ya jamás volverá. Gente que sale por los mismos lugares que en su juventud, repitiéndose a si mismos como fantasmas, anhelando infructuosamente volver a vivir aquello que una vez vivieron pero que nunca más vivirán.

¿Como encontrar entonces la felicidad si esta sopla de manera tan impredecible? La respuesta es sencilla. No podemos. Ella será la que nos encuentre a nosotros. Cuando menos lo esperemos, simplemente soplará. Sin embargo solo la sentiremos sí antes nos hemos encargado de construir un buen barco. Fuerte,  que aguante el movimiento. Ordenado, para no sentirnos ahogados dentro del él. Pero sobre todo con las velas desplegadas en alto. Preparadas para llenarse con la fuerza de la felicidad.

Quizá amigos míos el viento de la felicidad ya esté soplando en este mismo instante en el barco de nuestras vidas. O quien sabe. Quizá no. Lo cierto es que solo podemos hacernos una simple pero importante pregunta. ¿Hemos izado nuestras velas?

Lic. Unai Rivas Campo.

Escribiendo desde el sur del sur.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Pobreza, riqueza, miseria y dignidad.


La razón despertó de su sueño
dando comienzo a la auténtica pesadilla.
Algunos idiotas útiles aún pregonan el fin de las ideologías. Por supuesto que también cargan alegres contra las religiones o los sentimientos nacionales. Todas ellas, según la moral postmodernista, formas de pensamiento poco ajustadas a la razón. Esta moralina supuestamente "progre", condena a todo aquello que no se puede ver, medir o tocar al ostracismo. Siempre con la promesa de que, algún cercano día, viviremos en un paraiso racional de libertad.

Pero lo cierto es que el ansiado paraiso no parece estár llegando y que tras el debilitamiento global de ideologías, religiones y sentimientos nacionales;  la naturaleza humana ha retrocedido. Por lo que sabemos gracias a estudios antropológicos los occidentales no somos persanas más felices ni más saludables mentalmente de lo  que lo éramos 50, 100 o 1000 años atrás, y por primea vez en toda nuestra existencia como especie corremos peligro real de desaparecer. Atrapados dentro de esta dictadura de lo razonable retrocedemos cada vez más  frente a nuestro nuevo gran y terrible enemigo: la miseria.


Sobre eso, más o menos, tratará este artículo.


La pobreza:

En a foto se ve claramente como el libre
mercado toma contacto con esta "cultura pobre".
El objetivo: Transformarla en una "cultura miserable".
La pobreza se define por la falta de recursos económicos. En las sociedades capitalistas, estos recursos son la clave de la supervivencia. La ausencia completa de ellos nos conduce incluso a la muerte. Cuando los recursos son bajos, las posibilidades de acceso a los bienes de consumo también lo son. Salvo en los estados donde las necesidades básicas (Alimentación, educación, seguridad y sanidad) tienen rango de derecho, tener menos, reduce inevitablemente nuestras posibilidades de desarrollo. Las ideologías políticas se encargaron en los últimos siglos de dar la batalla por la distribución de los recursos económicos. Ciertas ideologías favorecen a los más ricos mientras que otras trabajan por los intereses de los más desfavorecidos. Con el paso del tiempo me veo obligado a reconocer que las dos poseen argumentos inteligentes. Yo, por una cuestión "de sangre", no puedo dejar de inclinarme por una de ellas. Porque al final, este tipo de asuntos poco y nada tienen que ver con los argumentos. Supongo que Focault estaba acertado cuando decía que la razón actuaba como la más importante forma de imposición de la "verdad" de los poderosos. Quisiera añadir que en ocasiones el mercado califica de pobres a culturas que en realidas no lo son, ya que no se admite el hecho de que existan civilizaciones libres de la necesidad de bienes materiales. De esta forma la pobreza tendrá muchas más posibilidades de ser vivida de manera saludable en contextos culturales aún no invadidos por el libre mercado. Si es que queda algo de eso por ahí.


La riqueza:

Nunca fui rico. Soy psicólogo. Así que tampoco, creo, lo seré. Pero tuve pacientes, amigos y conocidos que si lo fueron o lo son.

Solo se trata de cosas.
No deberían ser tan importantes en nuestras vidas,
Sin embargo los son.
¿Por que?
Por lo pronto, puedo decir que no hay demasiada diferencia entre ellos y nosotros. Al menos en lo que a felicidad respecta. Lo que quiero expresar es que hasta donde sé, parece ser cierta esa famosa frase que afirma que el dinero, al menos en forma estable y sostenida en el tiempo, no da la felicidad. Sin embargo los ricos continúan empeñándose en no repartir aquellas inútiles posesiones de sobra. Esto que parece, y en parte es una ironía, quizá no debería tomarse tan a broma. He buscado en muchos libros de psicología y filosofía los motivos por los cuales algunos ricos se empeñan en defender con uñas y dientes aquello que psicológica y existencialmente no parece servirles para mucho. Y lo cierto es que salvo en la dialéctica del amo y el esclavo de heguel no he encontrado nada demasiado importante dedicado al respecto.

La dialéctica del amo y el esclavo. Habla sobre las relaciones de poder entre subjetividades. De como y por que los hombres desean ejercer dominio sobre los otros hombres, así como del funcionamiento de la relación entre dominantes y dominados. Para los que no conozcáis la citada reflexión Hegeliana os propongo que veáis este vídeo de nueve minutos: Dialéctica del amo y el esclavo.

Pero no creo que podamos explicar completamente el fenómeno de la riqueza a partir de la dialéctica de Hegel. Aparte de que no acuerdo con todo lo dicho por este gran filósofo, creo que muy pocos ricos alcanzan una cuota de poder lo suficientemente grande como para establecer un dominio sobre el otro tan importante.

Relacionarnos con cosas nos "cosifica",
anestesiando así nuestro dolor
 Sin embargo, solo a partir de las ideas de este hombre genial es que podemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Para que esta necesidad de poder sobre el otro? Una respuesta interesante la podemos encontrar en la psicología de la adicción, donde el vínculo de control sobre un objeto, nos objetiviza, es decir nos "cosifica". Así, controlar objetos o personas, hace que nuestro dolor emocional quede anestesiado. El ejemplo clásico es el de esa persona que tras llegar a su casa, cargada con decenas de problemas del día a día, se sienta frente a algún aparato tecnológico, o algún otro objeto controlable, y queda como "atontada", es decir existencial y emocionalmente sedada. Este fenómeno de sedación emocional también se da cuando consumismos objetos de cualquier tipo, ejerciendo el citado control anestesiante. De esta forma la riqueza, entendida como la posesión de múltiples objetos termina siendo adictiva y por tanto enormemente difícil de dejar.

Podemos concluir entonces que todo control es adictivo y por tanto siempre difícil de abandonar. Pero además de adictivo, todo control es por definición omnipotente. Imagino que no se entiende lo que digo. Trataré de poner un ejemplo sencillo: Cuando controlo un objeto, una piedra por ejemplo, metafóricamente hablando soy el Dios de esa piedra. Yo elijo si subirla, bajarla, enterrarla o tirarla. Direis, y es cierto, que no puedo hacerla volar, por eso he dicho "metafóricamente". je! La omnipontencia actúa como un autoengaño, donde el hecho de controlar nos hace creer que somos pequeños dioses o "diosecillos". Y esa omnipotencia, de alguna manera arma una ilusión que nos eleva sobre los demás, incluso sobre nuestros propios dolores emocionales.


La riqueza insana o miserable es omnipotente.
No tolera ningun límite.
Ni siquiera el del tiempo.
 Aparte la omnipotencia tiene otra característica: Es incapaz de renunciar a nada. Decíamos en otro post que "elegir es perder" y por desgracia eso es lo que la omnipotencia justamente menos tolera. Pues la mente omnipotente lo quiere todo, todo y todo, ya que para ella todo es posible menos el límite impuesto por la pérdida. Esta característica es mucho más común de lo que creemos. Si prestamos atención a nosotros mismos o a muchos de nuestros semejantes veremos como existen multitud de personas indecisas que, ante la imposibilidad de elegir entre dos o más objetos de consumo, se llevan los todos.

Hasta ahora hemos definido a la riqueza insana como una condición patológica omnipotente de sobreacumulación y control de objetos. Todo con el objetivo explicar el porque de su existencia y persistencia. Pero si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de lo aplicable que es todo este modelo onmipotente de control y acumulación a todas las clases sociales y no solo a las más favorecidas económicamente. De manera que la patología que encontramos en aquellos a los que vulgarmente conocemos como "ricos", la podemos hoy encontrar también en todos los segmentos económicos y sociales.

Finalmente me veo obligado admitir que estaría faltando a la verdad si no reconociera la existencia de una "riqueza digna". Yo, que trabajo en una institución donde participan personas poseedoras de grandes fortunas económicas, tengo que reconocer la enorme sabiduría y valor humano de muchas de ellas. Dice una amiga mía que en esta vida no se puede generalizar. Yo creo que sí se puede y se debe. Lo que si siento que no se debe de hacer, es imponer esa generalidad a un particular en concreto sin antes haberlo conocido. Bueno, pues yo he conocido a infinidad de personas con mucho dinero que en absoluto son adictas a él y que verdaderamente entienden a su fortuna como una circunstancia más en sus vidas. Esta riqueza digna nunca es agresiva con nadie y generalmente suele estar asociada a la honestidad e integridad de estas personas.


La miseria:

Al hablar de una riqueza patológica he dado la pista acerca de aquello sobre lo cual quiero hablar durante las próximas líneas: La miseria.

La miseria no tiene necesariamente que ver con la pobreza. Es una forma de vida inhumana, irrespetuosa y anticomunitaria. Que atrapa a pobres y ricos por igual.

Que fácil es ver la miseria en los demás...
Creo honestamente que la actitud de usurpar, por tanto privatizar, un parque público, es decir, de todos, es miserable y debe ser combatida mediante el uso del poder del estado. Pero igualmente miserable es aquel policía que insulta, humilla, mata y desprecia. Miserable es aquel que va a un país que no es el suyo e incumple sus leyes y desprecia sus costumbres. Pero también lo es aquel que habla con desprecio de la tierra que lo vio nacer y aún le sigue dando de comer. Miserables son los pueblos insolidarios con sus países hermanos. Miserable también es ese que insulta a sus instituciones y representantes por el caprichoso hecho de no haberlas votado. Miserable es el medio de comunicación que instala el miedo en una sociedad para satisfacer sus sucios fines económicos, tanto casi como los padres que gastan fortunas en sus vacaciones pero regatean con la salud de sus hijos. Miserable es el representante político que roba así como lo es todo ciudadano que saca ventaja sobre otro ciudadano. Miserables somos cuando nos jactamos de la marca de nuestras zapatillas o cuando compramos objetos para anestesiar nuestro dolor. Miserables son los amigos de la cultura del "sálvese quien pueda". Miserables podemos ser y seguro hemos sido muchos de nosotros al menos en algún momento de nuestras vidas.

Por eso, seas pobre, rico o clase media. La miseria, entendida como estado de conciencia existencial, te puede alcanzar igual. Es una consecuencia inhumana de ese sistema egoísta llamado libre mercado. Entidad sistémica que "privatiza" hasta lo que es privado, inyectando en nuestras mentes el crudo veneno del egoísmo. De tal manera, la miseria humana se transforma en el abono ideal donde la semilla de los peores valores del mercado germina. Se crea así una cibernética enferma donde tenemos a un sistema mercado creador psiquismos enfermos y a unos psiquismos enfermos que, con su consumismo voraz, alimentan a su vez el crecimiento del mercado.

No estamos por tanto en la época de la lucha de clases. Ojalá. Pues en ella encontrábamos una dignidad que hoy escasea. Tampoco estamos ni de lejos cerca del "fin de la historia". La historia esta más viva que nunca. Y como dice la canción, grita de dolor. Está temblando bruscamente ante el mayor enemigo que fe e ideologías jamás encontraron. Poniendo en jaque a ricos, pobres, piadosos, intelectuales e ideólogos. Pues todos corren, corremos, el peligro de desaparecer frente al gélido viento de la miseria.


La dignidad:

Trataremos de dejar por unos minutos de lado el probema de la miseria para poner el foco sobre aquello que actúa como elemento contrario: La dignidad.

La dignidad es un estado psicológico tan personal como comunitario. Donde el otro es sentido además de simplemente percibido, dando así lugar a un vínculo que posibilita la construcción de lo común, entendiendo a este como a un sistema contenedor, creador de identidad y pertenencia.

La dignidad funciona como un estado de conciencia del cual grupos e individuos podemos en todo momento salir para caer en un estado miserable. Esto siempre me recuerda a los maestros zen cuando explican el camino a la iluminación como un estado de permanente atención (diferente al control). Darnos cuenta de las diferencias entre los dos estados de conciencia nos da la posibilidad de elegir como individuos cual del ellos escoger. Recuerdo como hace algunos años (me estoy haciendo viejo) me sucedió algo que puede ser ejemplificador de lo que deseo expresar:

La dignidad suele ser muy atacada pues con su luz desnuda
lo peor y más oscuro de nosotros mismos.
Trabajaba en un Burguer King desde hacía unos meses. En aquella época me sentía dichoso. Me habían prometido que pronto sería "supervisor de turnos". Sin embargo mi dicha estaba rodeada de una extraña ansiedad que no lograba identificar. Un sentimiento de vacío que sin duda era nuevo para mí. Una de mis tareas típicas era la de arrojar la basura a los contenedores. Solía quejarme porque los vagabundos la revolvían en busca de comida. Muchos de ellos eran inmigrantes que carecían de los recursos mínimos para subsistir. Un día de poca basura útil uno de ellos me pidió "una hamburguesa o lo que fuera". Yo que estaba harto de aguantar todos los días a aquellos tipos husmeando en "mi basura", respondí de manera vehemente que no. Aún resuena en mis oídos el ruido de aquella puerta trasera al ser cerrada. Cuando me di vuelta, orgulloso de mi mismo, vi a una de mis compañeras, inmigrante también, María se llamaba creo. No se. La recuerdo más por sus ojos, siempre tristes, que por su nombre. El caso es que estaba preparando una doble con queso. Recuerdo como cruzó la cocina segura y sin mirarme, abrió la puerta y le entregó la hamburguesa al hombre que aún continuaba rebuscando entre los desperdicios de la clase media europea. En mi vida se me había hecho tan evidente el miserable ser que habitaba en mis adentros. María nunca reprochó mi accionar. En ese momento hubiera deseado que lo hiciera pues ello hubiera permitido ponerme a la defensiva. Pero no lo hizo. De hecho jamás hablamos acerca de lo ocurrido. Y sin embargo aquel día una parte de mí quedó desnuda. Condenada a no poder olvidar jamás ese instante donde tomé conciencia de mi propia miseria a través de aquellos ojos tristes. Tan repletos de dignidad.

Supongo que la dignidad es algo así como una antorcha que nos guía e ilumina pero que también nos desnuda, haciendo evidente lo más oscuro en todos nosotros. Es ahí donde se genera el gran dilema frente a la dignidad: Aceptar o rechazar su luz. Rechazar implica negar y como ya dijimos en otras ocasiones todo sentimiento negado genera ansiedad y vacío. Aceptar, implica enfrentarnos al dolor de nuestra verdad subjetiva. A nuestras pequeñas miserias cotidianas. Empujándonos hacia la hoguera de nuestro dolor, para después, resurgir de nuestras cenizas como seres libres. Una persona a la que guardo un profundo respeto me dijo una vez que el crecimiento, psicológico, existencial o espiritual, era siempre una tarea dolorosa. Hoy me doy cuenta de la mucha razón que tenía.

Manifestaciones de dignidad popular.
Pero no me quiero cerrar en el individuo. He sugerido al principio que existe una miseria colectiva. Bueno, pues de la misma manera nos encontramos con los fenómenos de dignidad colectiva. Cuando un pueblo, sin despreciar al otro, reivindica o lucha por su existencia. Cuando se construye un espacio de encuentro del tipo que sea, asistimos al más sagrado fenómeno: El de la dignidad colectiva. Los Cristianos dicen, "cuando dos o más personas se junten en mi nombre allí estaré yo". Creo entender a que se refieren.

Y es por esto que desde los confines más ocultos de la periferia de las grandes ciudades-mercado, surgen iglesias, partidos políticos, asociaciones de vecinos, clubes etc. todos ellos representantes, cada uno a su manera,  de la antorcha colectiva de la dignidad.

No es tiempo de rendirse. Aún en el peor momento de nuestra civilización. Innumerables grupos de personas. Continentes enteros! Están dando la batalla contra la miseria. A veces con esquemas, modelos, religiones o ideologías denostadas por las frías élites por pertenecer "a otro tiempo". Pero no les importa. Y es que los pueblos reivindican su derecho a la alegría, siempre con la firme voluntad de no ceder más terreno a lo insano, de construir comunidad donde no la hay y fortalecer aquella que ya está. Asistimos, como dicen los orientales, a tiempos interesantes. Se esta escribiendo la historia, y nosotros los pueblos, seremos la maza que decidirá si este es el principio del fin o el fin de algo que pudo haber sido un hermoso principio.

Escribiendo desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.



martes, 7 de diciembre de 2010

Elegir es perder.

Para los psicoanalistas más ortodoxos, el inconsciente siempre quedará ubicado en el papel del "malo". Situándolo como ese "Otro" terrible, enemigo acérrimo e implacable de la libertad del hombre. R.D. Laing planteaba en el prólogo de uno de sus libros más conocidos como, a su juicio el gran Freud, asustado por su descubrimiento, inventó la técnica psicoanalítica para domesticar a su recién nacida criatura. Así, desde la mirada más tradicional del psicoanálisis, el inconsciente deberá ser arrancado de su mágico reino para ser sometido y controlado mediante interpretaciones por el supuesto delito de engañar a nuestro consciente. Condenado a cadena perpetua por poner en peligro nuestra capacidad de elección, o dicho de otra manera, a nuestra libertad.


A la mente racional le cuesta tolerar la contradicción.
Por eso expulsa lo contradictorio al inconsciente.

 Ahora bien, desde la práctica sistémica afirmamos lo contrario, es decir, que es el consciente el que se auto engaña, pues "su lógica", no tolera contradicción alguna. A este fenómeno de la mente se lo llama "disonancia cognitiva". Tengamos en cuenta, a modo de ejemplo, como en una simple discusión consciente sobre política, fútbol o cualquier otro tema cotidiano, se termina dando por vencido a aquel contendiente que se termina contradiciendo de alguna manera. De esta forma, cuando nuestra mente consciente entra en alguna clase de paradoja (entre los afectos y los sentimientos por ejemplo) tiende a construir una narrativa dominante, es decir una explicación de la realidad, vaciada siempre de molestas contradicciones. Dicho en otras palabras:  Con tal de no admitir lo contradictorio, la mente consciente puede racionalizar hasta lo menos razonable.

Ahora bien.. ¿A donde va lo contradictorio, o dicho de manera más sencilla, aquello que no encaja en el consciente y se descarta?

Pues derechito al inconsciente.

Porque como bien decía Freud, en el inconsciente no existe el concepto de contradicción, así es como nuestro mundo más íntimo y personal se termina transformando en un cubo de basura donde tiramos nuestros sentimientos más difíciles de reconocer, aquellos que ponen en tela de juicio nuestros más profundos valores o convicciones.

Ahí es, desde mi punto de vista, donde comienzan dos problemas.

Todo sentimiento no reconocido
se transforma en ansiedad.
En primer lugar porque se sabe que todo sentimiento negado se transforma en ansiedad, así, a más negamos nuestros afectos, más angustiados, temerosos e inseguros nos terminaremos sintiendo. Tengamos en cuenta que aquello que sentimos nos otorga una seguridad y una "consciencia de ser" imposibles de lograr a través del simple pensamiento racional. 

En segundo lugar es preciso tener en cuenta que la libertad no es posible sin la plena conciencia de quienes somos, y eso, necesariamente incluye a los mensajes más importantes del inconsciente, es decir, a nuestros sentimientos menos reconocidos. De esta forma no hay verdadera libertad sin el honesto encuentro con nuestros afectos, más allá de que después elijamos hacer lo contrario. Y es ahí, en la palabra elegir, donde a mi manera de ver, está otra de las claves de este enigma, pues elegir o decidir implica dos cosas:  Descartar opciones y asumir responsabilidades.

Descartar opciones significa lisa y llanamente asumir que "elegir es perder". Siempre que en esta vida tomas una decisión obligatoriamente dejas de lado a todas las demás. Imaginemos a la libertad como un primer ministro que escucha a todos sus consejeros y que en cada ocasión se decanta por lo dicho por uno de ellos, dejando de lado las opiniones del resto. Escucha a todos pero se juega siempre por uno. Así funciona la verdadera y auténtica libertad: Descartando posibles caminos. Siguiendo el ejemplo anterior, sin todos los consejeros, el primer ministro no estará completo y no será por tanto del todo libre. Lo mismo sucede con el mundo de nuestro inconsciente, fuente de nuestros sentimientos, pues si cometemos el desacierto de bloquearlo, nuestra verdadera libertad quedará renga o incluso truncada.

No podremos jamás ser libres si ignoramos lo que sentimos en el fondo de nuestro corazón.

Esto no significa que aquí se esté hablando del famoso postulado psicoanalítico de "hacer consciente lo inconsciente", no es esa mi idea.  Llevar a la conciencia racional un hecho íntimo y vivencial resulta tan torpe o bizarro como cantar con música de rock el discurso del presidente del Banco Mundial. A lo que me refiero es a entender lo irracional "en sí", escuchando su mensaje en su propio idioma, para más tarde, ver que se elige libremente hacer con él.

Ser libre es elegir.
Elegir es perder, 
Perder duele.
Cuando hablo de asumir responsabilidades, me refiero a asumir de forma honesta las consecuencias de nuestra decisiones. Rara vez nos encontraremos con alguna decisión que no tenga alguna consecuencia dolorosa, asumir ese dolor será el verdadero precio a pagar por nuestras decisiones. De este modo, más responsabilidad seamos capaces de asimilar, a más consecuencias asumamos, a más dolor encajemos... más libres llegaremos a ser.

Aclaro que responsabilidad jamás será sinónimo de culpa, en la culpa solamente se te castiga, castigas o te auto castigas. y ya está. En cambio, en la responsabilidad "aprendes", más o menos dolorosamente, e intentas, como se pueda, cambiar el rumbo.

Quisiera concluir este escrito expresando mi convicción de que la elección, piedra fundamental de la libertad, es una acción posible para todos los hombres y mujeres de este mundo. Sin embargo, en muchas ocasiones el precio a pagar es caro pues como ya hemos dicho, elegir es perder y perder... duele.

A veces demasiado.

Saludos desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

Tras la cortina de  tristeza
brillará para nosotros el sol de la esperanza.
Algún día..






jueves, 18 de noviembre de 2010

El camino de la libertad

Son muchas las trampas del psiquismo que capturan nuestra libertad. Cuantas veces nos vemos atrapados frente a la necesidad de hacer un cambio seguido por la consecuente frustración de no poder sostenerlo.


Dibujo que las culturas precristianas
usaban para simbolizar el proceso adictivo.
 Esta es la base de las adicciones clásicas pero también de las adicciones cotidianas, de esas que nos atrapan a todos a diario, impidiéndonos el ejercicio de nuestro libre albedrío. ¿Adicto yo? Me dirá alguien ofendido por mis palabras. Le responderé que sí, que LA ADICCIÓN ES EL FENÓMENO PSICOPATOLÓGICO ACTUAL que nos define a todos los occidentales. ¿Que somos sino adictos cuando consumimos ropa, zapatillas o vamos a la peluquería "para que se nos vaya la angustia"?

Los motivos que llevan a una persona hacia la esclavitud son muchos pero tienen una característica común: La fantasía de evitación del dolor. Y digo fantasía pues en realidad el dolor no puede ser evitado. De alguna manera, tarde o temprano, siempre vuelve. Algunas veces creemos haberlo dejado de lado pero con el tiempo caemos en la terrible cuenta de que solo salimos de una red para caer en otra. Me viene a la mente aquel deportista que cuando dejó las drogas aumento más de cincuenta kilos o el del famoso actor y comunicador de omnipotente actitud y discurso, que supero dos duras enfermedades, jactándose de ello y finalmente murió por causa de una tercera.

¿Como podemos escapar de las cadenas que nos atrapan?

A lo largo de los años me he ido formando en muchas formas de "liberar a la libertad", de enfrentar por tanto a mi tan respetada adversaria la patología. Siempre busqué aprender aquellas técnicas o como a mi me gusta decirles "artes" que más desafiaran a los limites de lo real y esperable, pudiendo así lograr los mayores resultados en el menor tiempo posible. Con el tiempo las fui combinando hasta armar mi propia y peculiar "arte psicológica". Hoy, tras varios años de recalibración, afinación y purificación de mi citado proyecto de arte (seguramente fracasado jeje), mezcla de teoría estratégica, hipnosis y psicodrama, puedo decir que las llamadas "intervenciones mágicas" ya no me generan la misma satisfacción personal que al principio. Sí, en cambio, encuentro un enorme placer y bienestar personal en lo que yo llamo las "transformaciones integrales".

¿Cual es la diferencia entre intervención mágica y transformación integral? Pues que mientras en la "intervención mágica" se logra la desaparición de un síntoma en unos pocos encuentros, en la transformación integral nos encontramos con procesos de años donde el cambio resulta lento pero seguro, es decir que no solo no vuelve el síntoma sino que tampoco aparece nada similar que lo sustituya. Digamos que en las transformaciones integrales aquello que cambia es ante todo la persona y con ella todos los diferentes síntomas.

A modo se síntesis, diría que en este momento de mi vida considero que la clave de un buen trabajo radica en la combinación de las intervenciones "mágicas", dentro de un proceso integral de transformación humana al que me suele gustar llamar "el camino".

El camino es como la flor del loto: Fruto a la vez que flor.
Tomar un camino implica elegir intentar caminarlo cada día. Es el primer y más importante acto de libertad que puede tomar una persona adicta o esclavizada (como lo somos la mayoría). Es una triste verdad que un hombre o una mujer no pueden controlar su adicción (a lo que sea) pero hay algo que tambien es cierto: Se puede elegir libremente como posicionarse frente a la adicción. Las personas pueden intentar todos los días caminar por donde han decidido y al darse cuenta de que se salieron de la decisión, elegir volver.

Para recorrer el camino de la libertad no se requiere esfuerzo, de hecho está altamente contraindicado. Lo que sí se necesita es tolerancia al dolor, confianza y compromiso. Nada más. Si nos salimos no nos enojamos con nosotros mismos. Dejaremos de lado la culpa y desde la responsabilidad elegiremos volver. A más perseveremos en esta actitud de compromiso os prometo que menos nos saldremos, y por tanto, estaremos cada día más cerca de encontrar el gran tesoro de nuestro tiempo, tesoro que no se halla al final del camino sino en el camino en sí. Ya que amigos mios, la libertad, ese gran tesoro, es el camino y caminarlo, con sus alegrías, tristezas, seguridades, inseguridades, dolores, felicidades y miedos... es hacernos cada día más libres. Que de eso, supongo, se trata a fin de cuentas todo este rollo de la psicología.

Saludos desde el sur del sur.

Lic. Unai Rivas Campo.

martes, 9 de noviembre de 2010

Lo público, lo privado y lo privatizado: Reflexiones tras la muerte de Mariano Ferreyra.

El día Viernes 20 de Octubre de 2010 manifestantes del Partido Obrero acudieron en solidaridad con un grupo de trabajadores subcontratados despedidos de la línea de tren General Roca. El objetivo: Cortar las vías y presionar a la empresa.

A simple vista estos son hechos que se repiten (2001-2010).
 Sin embargo este es un caso diferente.
Tras los asesinatos de Darío Kosteki y Maxi Santillán en 2002, el Estado Argentino tomo la decisión política de no reprimir la protesta social. De esta forma, sin intervención policial alguna, grupos de gremialistas y barra bravas (el equivalente a los "Ultras" del fútbol Europeo) contrarios al corte de vías, enfrentaron a los manifestantes. El resultado fue varios heridos y la muerte de un joven militante del P.O.

Las siguientes líneas son producto de algunas reflexiones al respecto.

Trataré de armar un modelo sistémico de análisis de la realidad sociopsicológica mundial y tras ello intentaré reentender las causas de la terrible muerte de este joven a través del citado modelo.


LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y  LO PRIVATIZADO.



Este gráfico actuará como una guía para tratar de facilitar a los lectores
la visión de la realidad mundial actual que pretendo transmitir. 

LO PÚBLICO:

Su dimensión subjetiva:

Lo público es lo común, lo compartido, aquello que nos une y hermana. Un espacio de encuentro con nosotros mismos a través del encuentro con aquellos llamados otros. Como decía Aristóteles, el ser humano es un animal social y por ello necesita de la identificación con los demás para poder vivir. Desde la propia lactancia los seres humanos construyen relaciones públicas pues sin ellas, un desarrollo psíquico interno se tornaría absolutamente inviable. Podemos concluir entonces que la capacidad de vincularse socialmente es inmanente a la salud humana.

Los valores, el arte, la identidad nacional y todo lo considerado popular pertenecen también a la dimensión subjetiva de lo público. A mayor y más fuerte sea la identidad cultural de un pueblo más nos podremos enriquecer con ella. Es por esto que los pueblos deben tener también sus límites, permitiendo así la existencia de otras identidades públicas humanas, haciendo de este mundo un lugar más diverso y saludable.

La cultura del respeto, más allá de las diferencias
ideológicas. Un refrescante viento de esperanza.
La actitud clave que sostiene la convivencia pública es el respeto, no se puede sobrevivir en ningún medio cultural sin éste, ya sea en una cárcel, en una aldea de la selva amazónica o en un pueblo el País Vasco, el respeto es la línea divisoria entre formar parte de lo público o estar en contra de ello. En la Argentina de los últimos días, a raíz de la muerte de una de las figuras políticas actuales más queridas en el país, se han dado muestras enormemente saludables de respeto, más allá de cualquier diferencia ideológica, indicadoras infalibles de la existencia de nuevos vientos de salud y esperanza.


Su dimensión objetiva:

En términos objetivos, público es aquello que nos pertenece y protege a todos, la estructura moderna que, hoy por hoy, mejor lo expresa es sin duda el Estado. En él esta contenido y protegido todo aquello que nos une y hermana. La seguridad interna y externa, el cuidado del bienestar de sus miembros, así como la administración de los recursos de todos, deben ser protegidos por cualquier estado que se quiera decir a si mismo saludable. De esta forma la dimensión subjetiva de lo público sería la pintura y el estado objetivo actuaría como marco. Es por esto que las naciones sin estado o con un estado debilitado, están en permanente peligro de desaparición, pues sin la citada estructura protectora resultan vulnerables a cualquier ataque, interno o externo.

Finalmente plantear que a mi humilde juicio, las críticas que históricamente se le han hecho al estado hoy resultan virtudes. Y es que si el estado mata, censura o roba siempre vamos a saber a quien quejarnos, contra quien reclamar, a que grupo de gente dejaremos de votar, o enjuiciar. En otras palabras, tendremos caras visibles a las que responsabilizar.

Esto no sucede con la corrupción, la crueldad o la censura de los grupos corporativos privados donde el control ciudadano resulta ínfimo en comparación con el de cualquier estructura pública. Los aberrantes crímenes de empresas contratistas en oriente medio, todos ellos impunes, así como la gran estafa del sistema financiero privado mundial, son prueba irrefutable de lo que digo.


LO PRIVADO:


Dimensión Subjetiva:

La dimensión subjetiva de lo privado hace referencia a nuestro más íntimo universo, a aquel mundo interior que solamente nos pertenece a nosotros mismos, de aquellas vivencias que cual secreto jardín actúan como refugio, descanso y espacio de renovación.

Nuestro mundo interior. Templo sagrado construido
para descanso de nuestra psique (alma).
Es allí donde viajamos cuando utilizamos el mecanismo de defensa llamado regresión. Y es que quizá quienes más y mejor se han dedicado a su estudio, además de pintores, cineastas, poetas y artistas en general, hayan sido nuestros admirables adversarios los psicoanalistas. Uno de los más brillantes, D.W. Winnicott, nos hablaba de un núcleo central de la personalidad, incomunicado del mundo exterior y que bien desarrollado posibilitaba al ser humano la "capacidad para estar a solas", es decir la posibilidad de sentir una paz interior duradera más allá de los sucesos externos.  A través de dicho núcleo central los humanos podemos descansar en nosotros mismos, liberándonos de la abismal angustia que a muchos en ocasiones nos ha supuesto nuestra soledad. El sistémico Gregory Bateson por su parte, hablaba de las áreas no comunicadas necesarias en todo sistema saludable. La explicación de ésto era que el exceso de comunicación intra y e ínter sistémica, diluía los límites poniendo en peligro la existencia autónoma de toda organización, personal, biológica o social. Esto se debe a que ningún sistema u organización saludable puede existir sin lo limitante, ya que frente a ello "chocamos" y a través de ese golpe contra la realidad nos diferenciamos del mundo y por tanto nos sentimos a nosotros mismos, tomando mayor conciencia de nuestro ser, levantando parte del velo que cubre el misterio de nuestra vida, revelándonos ocultas verdades, retazos de nuestro origen y destino.


La dimensión objetiva de lo privado:

En términos objetivos el constructo social que mejor define lo privado es del derecho a la propiedad material
personal.

Hay casi tantas teorías económicas como economistas.
  Supongo que es por eso que aún no entiendo porque
hablan con tanta prepotencia.
 Parecen psicólogos
No olvidemos que, nos guste o no. Somos occidentales y que a diferencia de los musulmanes u otras culturas que poseen un sistema de reparto de la riqueza incorporado en su propia fe, nosotros no hemos podido construir aún un armado coherente de regulación de cuanta propiedad, poca o mucha, le es lícito poseer a un ser humano, así como de la forma de distribución de esta. Han existido varias teorías que han intentado responder a la pregunta de que hacer con la propiedad privada. En un extremo se sitúan aquellas que plantean su abolición total, mientras que de la vereda de enfrente se sitúan las que la plantean como la única propiedad legítima llegando incluso a ubicarla sobre el interés publico. La más sabia respuesta a este conflicto siempre la he encontrado en el maravilloso sentido común de lo popular. Ese que nos dice que poseer bienes materiales no es algo malo, siempre y cuando ellos no nos posean a nosotros y sobre todo si entendemos a estos como metáforas objetivizadas del sano orgullo que un hombre o su familia sienten por el buen trabajo que han realizado a lo largo de sus vidas, actuando cual símbolos de su dignidad.



LO PRIVATIZADO:

Aquí es donde empiezan los problemas,

Les pido que vuelvan a revisar el dibujo del principio... ese verde y azul tan feo que hice ( que queréis... soy psicólogo joder, no diseñador).


Lo privatizado es una enfemedad sistémica de la relación público-privado.

Lo privatizado hace referencia a una nueva realidad sistémica e ínter subjetiva donde los límites que separaban a estas dos dimensiones humanas, pública y privada, han sido rotos. La culpable principal de esta ruptura es la mente sesgada del cuerpo y sus valores omnipotentes. Esos que no sienten y que menos aún toleran limitación alguna. De todas formas no me quiero extender demasiado en el origen del fenómeno que yo denomino "lo privatizado" pues considero que ya quedó debidamente explicado en el post "mente omnipotencia y mente sesgada" (si estáis aburridos y os queréis aburrir aún más no dudéis en leerlo jajaja). De esta forma dedicaré las próximas líneas de este escrito a mostrar como "lo privatizado" está corrompiendo poco a poco todas las realidades humanas descritas anteriormente.


LO PÚBLICO PRIVATIZADO.

Vivimos en un mundo sumido en una economía de mercado que ejerce una constante presión sobre todo lo estatal. Exigiendo abiertamente la entrega de las posesiones de todos a manos de entidades privadas. Hasta aquí estaríamos hablando de la privatización clásica, esa que la Argentina padeció en el noventa y que en Europa lentamente está comenzando a escocer. Así, queda bastante claro que entregar los intereses de todos a sectores privados con la excusa de abaratar costos y eliminar la corrupción, es desconocer el hecho de que los mayores robos de la historia mundial no se han cometido por los estados sino por intereses privados,  a veces tengo la sensación de que la famosa mano invisible hubiera sido cortada hace ya mucho tiempo en un país árabe. Pero no contentos con este saqueo, a  los hoy por hoy "pequeños" Estados, achicados tras tanta entrega, se los exige salvar a las entidades privadas de su propio megadesastre. ¿Cuantas estupideces más tendremos que escuchar, cuantas negligencias, cuantos saqueos... hasta que nos demos cuenta de que siempre será mucho más difícil controlar nuestros bienes si son gestionados por grupos alejados del interés común? ¿O es que si un grupo privado usurpa nuestras jubilaciones y se declara en quiebra vamos a tener a quien reclamar? Esta desmembración del estado, causante de miles de desempleados, subempleados, de empleados precarios, de hombres y mujeres temerosos de ser despedidos, en otras palabras, de pobres, fue la cuna en la que el joven Mariano Ferreyra se crió.

No confundir la noble protesta social con
la protesta social privatizada.
Pero dejemos esta obviedad que ya solo los más necios y ciertos "asalariados del imperio" discuten, para señalar otro fenómeno sutil pero grave que supone la privatización de lo público: El de la falta de respeto a lo común. Lentamente se va colando algo en todos los aspectos de nuestra convivencia diaria. Los alumnos de colegios y escuelas son cada día más irrespetuosos con los docentes, padres e incluso consigo mismos. En la calle cada vez encontramos más violencia y en muchos países se cortan rutas en defensa de intereses evidentemente privados. Como cuando hace unos años un grupo de jóvenes cortaron la avenida más importante de mi ciudad porque su viaje de fin de curso (de egresados) había sido suspendido, o como cuando un sector de vecinos de un barrio carenciado donde alguna vez viví, proponían cortar una autopista completa para que la zona no se inundara más. Viene a mi memoria mi sorpresa cuando les pregunte por que no íbamos a protestar directamente al municipio y me respondieron que se conseguían "las cosas más rápido cortando rutas", en resumidas cuentas, puro, interesado, irrespetuoso y cobarde egoísmo sectorial.

Esto poco y nada tiene que ver con las dignas luchas populares de otras épocas, donde los que se movilizaban sabían que tenían frente a ellos a un enemigo tangible, enemigo justo o inmoral que les exigía de un enorme valor y que llenaba sus luchas de dignidad.

Los Trabajadores perjudicados por la protesta privatizada.
Cosa que no pasa hoy, y si no que me expliquen el caso de esos chicos que dejan de tomar un colegio porque había un partido clasificatorio del mundial o porque llegó la época de su viaje de egresados. Hoy desgraciadamente el Estado Argentino no responde a los ataques hacia sus infraestructuras básicas, no se defiende y por lo tanto deja a lo público a merced de intereses de sectores privados o políticos minoritarios. En Barracas nadie protestó por la situación de los Trabajadores Argentinos, muy al contrario se quiso dejar a todo una masa de millones de Trabajadores Argentinos sin la infraestructura de transporte vital para mantener a sus familias. Todo por el bienestar de un grupo muy, muy, muy pequeño de personas. A lo que voy es que tanto el P.O. como aquel puñado de trabajadores tercerizados "privatizaron" el tren, lo público, lo de todos, en defensa de su mezquino interés político o económico sectorial.

¿Pero como podemos entender la aberrante muerte de este chico? Personalmente considero que también la podemos explicar mediante el ya citado modelo, pues al ausentarse el estado como monopolizador de la defensa de lo público, la a veces tan mal entendida represión se privatiza y termina siendo ejercida por grupos con sus propios intereses, ajenos a todo control estatal, los "represores privatizados" en este caso fueron los gremialistas y barra bravas (ultras) que defendieron sin muchos escrúpulos su propio negociado. Una vergüenza.

Entonces, ¿Cual sería la responsabilidad del estado en esta muerte? A mi juicio Mariano Ferreyra murió por ausencia. Por ausencia de un Estado protector de lo público, de un Estado presente que se la hubiera jugado con una respuesta adecuada, deteniendo a los implicados por impedir el funcionamiento de lo comunitario, aplicando una respuesta coherente y ajustada a la ley frente a aquellos que pretenden privatizar lo público, adueñándose de derechos que no les corresponden.

Llamar represores a estos cobardes
seres del infierno es un insulto
a la palabra represión.
Algunos me dirán que este chico hubiera muerto igual a manos de la policía. Yo se que no es así, afirmo por experiencia que si un estado hace las cosas mínimamente bien no tiene porque vulnerar ningún derecho humano para defenderse. Seguro que algunos escépticos de su propio país, amantes de todo lo extranjero, desdeñadores profesionales de su propio origen e identidad, me contestarán que en la Argentina es una utopía hablar de una policía respetuosa de los derechos humanos. A estos calumniadores de lo Argentino, prefiero no contestarles. Se están haciendo viejos. Pertenecen a una generación que poco a poco está siendo sustituida por una nueva camada de jóvenes Argentinos esperanzados, comprometidos con su Patria. Ya hicieron bastante daño con su auto crítica egofílica, feroz y perversa como para seguir dándoles pábulo.

De todas maneras... ¿Y si Mariano Ferreyra hubiera muerto a manos de una represión Estatal Pública negligente? La respuesta es más simple de lo que parece: Política o penalmente el estado hubiera tenido que responder por sus actos. Dos represiones Estatales negligentes supusieron la caída de los ex presidentes  Fernando De la Rúa y Eduardo Duhalde. Y es que cuando la represión entendida como derecho del Estado se privatiza a manos de ineptos y salvajes, tarde o temprano los muertos aparecerán pero sin ningún estado o mandatarios a los que juzgar. Uno o dos idiotas terminan siendo detenidos y con suerte condenados.. Mientras tanto nos termina quedando una extraña sensación de vacío mezclada con tomadura de pelo.

Así el virus de lo privatizado pervierte el alma de lo público, favoreciendo oscuros intereses ajenos al bienestar y la felicidad de sus ciudadanos.


LO PRIVADO PRIVATIZADO:

Jugando a la ruleta con el esfuerzo de nuestro trabajo.
Privatizando la propiedad privada
Lo privado también ha sido privatizado. En su dimensión objetiva tenemos la paradoja de gobiernos liberales, fervientes defensores del derecho a la propiedad privada (al menos de la boca para afuera) donde permiten a los bancos jugar con los ahorros de los trabajadores, invirtiendo éstos negligentemente un dinero que no les corresponde e incluso quedándose, cual ladrones de guante blanco, con el efectivo depositado por sus dueños.

¿Que paradoja no? Esto no lo hicieron ni Lenin ni Fidel sino Bush y Cavallo. No hay duda de que grupos de extrema izquierda como el P.O. encontraron y encuentran una enorme legitimidad en tal escenario Nacional y mundial.

¿Como se privatiza lo subjetivo? Para responder a esta pregunta solo tenemos que fijarnos en el Barra brava (ultra) acusado del crimen, ese que aparece bailando en un vídeo publicado en su Facebook, mostrándonos su vida íntima y dándonos en línea sus impresiones sobre el caso. Las redes sociales nos permiten a todos cumplir con nuestra fantasía de ser "famosos" ¿y que es un famoso sino alguien que se publicita y por tanto un producto? Hace un tiempo asistí con la nariz tapada a un seminario llamado "no son personas, son consumidores", hoy gracias a las redes sociales pronto crearán uno que se llame "no son personas, son productos".

El peligro de cosificar nuestra sagrada intimidad.
Supongo que esta es la degeneración máxima de la cual hoy casi ninguno de nosotros estamos a salvo. El núcleo central de nuestro Yo, ese área que para que fuéramos saludables no debía ser comunicada, lo sagrado, nuestro jardín secreto, ha sufrido un enorme hoyo por donde se filtra toda clase de información personal.  De esta forma la intimidad se ha cosificado o privatizado, transformándose en un objeto de promoción de un ficticio e insano mundo donde el producto a vender es sin duda y lo digo con algo de autocrítica tristeza, nuestra alma.

A Mariano Ferreyra no lo mató ningún gobierno, eso hubiera sido un estremecedoramente terrible mal menor. Por desgracia lo mató aquello que nos está, más o menos lentamente, quitándonos la vida a todos nosotros, esa "nada" oscura y venenosa a la que he tratado de llamar, con el objeto de sacarla de su impune invisibilidad, "lo privatizado". "Nada" que contamina todos los planos de la realidad humana, que a mi juicio tiene características sistémicas, que quiere crecer, que aprende y se defiende, es decir que existe "en sí".

Ahora que cada vez resulta más visible ante nuestros ojos, nos toca empezar a pensar en como combatirla.

Pero será otra noche...

Melancólicos y sin embargo tenazmente esperanzados saludos desde el sur del sur

Lic. Unai Rivas Campo.

Vuelvo a mi  sagrado refugio con la
esperanza de que mi musa, aquella
que vive al otro lado de la luna de
mis sueños inconclusos, sea un poco
menos exigente y me permita descansar
al menos un par de noches.